Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Pelota

PELOTA

El vizcaíno ha pasado del infierno a la gloria y se ha convertido en el delantero más artístico del momento

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
La vida deportiva del VIII de los Berasaluze resulta excitante. Ha vivido situaciones límite: alegrías, desánimos y gran notoriedad. Vivió en el umbral del infierno, arrastrando una depresión de caballo que a punto estuvo de dar al traste con su carrera profesional y su propia vida, y hoy se ha instalado en la gloria pelotística. Pero superar todos esos estados anímicos ha sido un suplicio. Sufrió largas noches de insomnio. Interminables visitas a las consultas médicas con el fin de atajar un mal que mordisqueba su cerebro juvenil como un perro de presa. Medicación. Pastillas para curar un mal que no estaba arraigado en el cuerpo sino en el alma.
Pablito nació en Berriz un 15 de septiembre de 1977 en el seno de una familia pelotazale. Su abuelo, el mítico 'Chiquito de Mallabia', su padre y sus tíos otorgaron fama y honores a la pelota vizcaína. Por tanto, bebió desde niño de una fuente diáfana y cristalina cuya agua resultó fortificante. En el campo aficionado se mostró como un jugador agudo, amante del riesgo y del buen gusto. Su territorio, los cuadros cortos del frontón. Ganó el prestigioso Torneo del Diario Vasco de 1997 y dejó patente ante el sanedrín de los críticos un buen sabor de boca.
El 28 de febrero de 1998 debutó en el Municipal de Bergara, un viejo santuario del pelotarismo profesional, hoy ajeno a las programaciones de las empresas, por cuya cancha desfilaron las figuras más insignes de la pelota. Fichó por Asegarce a instancias de las recomendaciones de sus intendentes, Ángel García Ariño y Roberto García Ariño. En los primeros años fue cumpliendo sus expectativas en medio de luces y sombras. Fue seducido por los placeres de la noche y dejó olvidada la bolsa de deporte en el desván. Bajó considerablemente su rendimiento y poco a poco fue relegado a la letra pequeña de la cartelera de pelota por sus técnicos.
Salir del abismo
Pero la vida suele deparar sucesos sorprendentes. De un día para otro llamó a su puerta la horripilante faz de la desdicha. Su padre, que fue desde que era niño su faro y gran valedor en todas las causas, buenas y malas, moría de forma repentina. Fue un mazazo. Desapareció de los frontones y se convirtió en un zombi viviente. Salir de ese mundo abstracto, donde cohabitan los espectros, es una misión para auténticos héroes.
Pablito lo consiguió. Fue sufriendo una matamorfosis, lenta pero eficiente, que le fue sacando del abismo. Le dio un giro a su vida y se reencontró con la senda de la operatividad. Todo un salmo para aquellos jóvenes hundidos en la desesperación. Un ejemplo a seguir para muchos.
Los primeros síntomas del resurgir cristalizaron en el amanecer de 2008. Pablito comenzó a explotar toda la sapiencia adquirida en la ñiñez y se convirtió en uno de los referentes de los cuadros alegres de los frontones. La consolidación se ha plasmado en 2009. Este verano ha diseminado su particular ciencia del remate en el Torneo de San Fermín.
Junto a Begino pusieron en evidencia a los grandes capos de la modalidad: Irujo, Titín III y Olaizola II. El nombre del vizcaíno fue coreado con adoración por los entendidos pelotazales navarros. En el pasado Torneo de La Blanca volvió a refrendar su liderazgo. Con Mendizabal II se plantó en la final y, aunque no la ganó, fue proclamado con toda justicia el mejor pelotari de la feria. El Ogueta entero se rindió ante su particular arte.
En verano descansas tú, no tus ahorros: cuenta AZUL 3,60 TAE hasta el 4 de enero de 2011
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios

buscador

Buscador de deportes
buscar
Vocento
SarenetRSS