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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 10 febrero 2012

Política

Ofensiva de ETA

Gracias a los últimos atentados de ETA, los partidos democráticos están hoy en mejor disposición de llegar a un acuerdo sobre esta fase final del terrorismo
02.08.09 -
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Atrevámonos a ser irresponsables
Vecinos colocan velas en el lugar del atentado de Calviá.
Como la voz y el eco. Así de idénticos suenan los anuncios premonitorios de ETA y las declaraciones confirmatorias de la izquierda abertzale. Sólo el tiempo verbal -el futuro o el pasado- los distingue. La voz enuncia la profecía; el eco constata su cumplimiento. Si ustedes se han tomado la molestia de leer los comunicados que una mano anónima de la izquierda abertzale ha redactado tras los atentados de Burgos y de Palma de Mallorca, y de cotejarlos luego con la entrevista que dos encapuchados de ETA concedieron a 'Gara' el día 25 del pasado mes de mayo, se habrán percatado de esta identidad de ideas y palabras. La misma mente los concibe.
Reconocían los encapuchados que ETA había abierto «un debate interno» para establecer «una nueva estrategia política y armada», toda vez que, «en los últimos meses, no ha mostrado una línea lo suficientemente fuerte como para hacer daño al enemigo». La estrategia perseguiría el doble objetivo de: 1) «demostrar que la vía policial es estéril»; y 2) «transmitir a aquellos dirigentes que tienen responsabilidad política la necesidad de resolver el conflicto» por la vía de la negociación. Y concluían: «El Gobierno está vendiendo ya la piel del oso... pero llegará la resaca.... y le escucharemos hablar otra vez de diálogo».
La resaca anunciada ha llegado, naturalmente, tras los atentados de Burgos y de Palma de Mallorca. Y, por si su sentido y alcance no estaban suficientemente claros, no se hizo esperar el eco de la voz para aclararlos. En dos comunicados, la mano anónima de la izquierda abertzale escribió triunfante: 1) «La derrota militar de ETA es una quimera»; y 2) ETA ha hecho «una apuesta inquebrantable por una solución negociada... ya que la negociación y el diálogo son la única alternativa».
Se renueva así el trípode sobre el que ha venido sustentándose la estrategia de ETA desde que renunció a vencer al Estado o a provocar una insurrección popular. El trípode es muy simple: 1) imbatibilidad militar de la banda; 2) reconocimiento del conflicto político subyacente; y 3) necesidad de encontrar una solución negociada al segundo para acabar con la primera.
No cabe duda de que los atentados de Burgos y de Palma de Mallorca, por su magnitud, por su precisión y por su osadía, dan verosimilitud a la estrategia de ETA a los ojos de aquéllos que son los destinatarios inmediatos de su mensaje: la propia militancia. Hoy, algunos de los que en ésta habían comenzado a dudar de la capacidad operativa de la banda habrán recuperado de golpe la antigua fe en su imbatibilidad.
Pero, si ésos son los primeros, no son los únicos destinatarios del discurso de ETA. La banda tiene también gran interés en dirigirse a toda la ciudadanía y, más en concreto, a sus líderes políticos. Como decían los citados encapuchados, «a aquellos dirigentes que tienen responsabilidad política».
Pues bien, ¿qué hay de éstos? No parece que hoy, por lo que a ellos se refiere, ninguno de los tres pies en que ETA quiere basar su estrategia -imbatibilidad, conflicto político y negociación- tenga consistencia alguna. La convicción del descalabro interno de la banda no va a diluirse por una fulgurante acometida como la de estos días, que, por exitosa que haya sido, no se sostendrá en el tiempo. La podredumbre -operativa, ideológica y hasta emocional- que carcome a todo ese mundo despide ya un aroma demasiado intenso como para que una fugaz ráfaga de viento impida percibir su repugnante hediondez. Que ETA está acabada no es ya una afirmación atrevida. Es sencillamente un lugar común.
De otro lado, el vínculo entre terrorismo etarra y conflicto político ha quedado ya irreversiblemente disuelto en la mente de cualquier demócrata. Tiempo ha costado, pero las palabras que acaba de dejar escritas en su blog el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, son significativas. No hay por qué pensar que no sean también definitivas. En efecto, difícilmente ha podido ser más explícito a este respecto el dirigente jeltzale cuando se lamenta «del error» de haber «interpretado a ETA en términos políticos», habida cuenta de que, en realidad, «es sólo un fenómeno de crimen» y, «como tal, su acción debe ser respondida con los mecanismos de seguridad y justicia establecidos en el marco de los Estados de Derecho». Son estas palabras que comprometen el comportamiento de quien las pronuncia y de cuyo cumplimiento cualquier ciudadano tendrá derecho a pedir cuentas en el momento oportuno.
Ahora bien, negado el mito de la imbatibilidad de ETA y cortado el nudo gordiano en el que terrorismo y conflicto se entrelazaban de manera inextricable, ¿en qué quedan el diálogo y la negociación? El sombrajo que la banda se había construido sobre esos tres palos ha caído desmontado. Muy a su pesar, con atentados como el de Burgos y los de Palma de Mallorca, ETA ha logrado, en vez de dividir a los partidos, ponerlos en mejor disposición de la que tenían hace tan sólo unas semanas para avanzar en lo que podría ser un acuerdo firme y formal en orden a acometer esta etapa final del terrorismo entre nosotros.
Porque, en contra de lo que dicen los últimos comunicados no se sabe si de ETA o de la izquierda abertzale radical, podemos atrevernos a ser tan «absolutamente irresponsables como para seguir insistiendo en la posibilidad de derrotar policialmente a ETA».


j.l.zubizarreta@diario-elcorreo.com
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