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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 julio 2014

Política

ATENTADO CONTRA LA CASA CUARTEL DE LA GUARDIA CIVIL

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ETA persigue una matanza. Lo volvió a demostrar la madrugada de ayer al colocar una furgoneta bomba junto a la casa cuartel de la Guardia Civil en Burgos y hacerla estallar sin previo aviso. Casi 300 kilos de explosivos destinados a matar a los agentes, a sus mujeres y a sus hijos. Una cantidad brutal. El triple de lo utilizado en los atentados que el año pasado arrasaron la comisaría de la Ertzaintza en Ondarroa o las instalaciones del instituto armado en Calahorra o Legutiano, donde murió el agente Juan Manuel Piñuel. La explosión reventó una de las fachadas del edificio. Las habitaciones quedaron sembradas de escombros. Once pisos parecían bombardeados. 120 personas dormían en el interior del bloque, de ellas, 41 niños y dos embarazadas. Sólo el azar evitó la tragedia. Nadie falleció. Hubo 65 heridos, todos leves. Esta vez, ETA fracasó.
En poco más de un mes la banda ha querido hacer una demostración de fuerza. A base de dolor. El 19 de junio asesinó en Bilbao al policía nacional Eduardo Puelles y ayer intentó masacrar a guardias civiles. Repetir imágenes similares a las de Zaragoza (1987, once muertos) o Vic (1991, nueve víctimas, cuatro de ellas, niñas). El supuesto debate interno sobre la utilidad del terrorismo parece zanjado.
El caos comenzó a las cuatro de la madrugada. Burgos tembló. El vehículo estalló en la parte trasera de la casa cuartel, un edificio de catorce plantas situado en las afueras de la ciudad, dirección Santander. En plena noche, la ciudad se iluminó. La explosión dejó un cráter de siete metros de diámetro por dos de fondo. Por momentos se temió lo peor. La oscuridad incrementó la sensación de angustia. Los servicios asistenciales -en las cercanías hay un hospital- no tardaron en llegar para tratar a los heridos. Gritos, llanto de niños, ansiedad...
El paso de las horas trajo una cierta sensación de alivio. Nadie había fallecido. De las 120 personas que en ese momento ocupaban el bloque, la mitad había sufrido heridas, pero de carácter leve. A primera hora de la tarde todos habían sido dados de alta. La llegada del amanecer aclaró la magnitud de lo que había pasado. Y de lo que pudo haber ocurrido.
La fachada se había volatilizado en varios pisos. Apenas un esqueleto de hormigón y cemento sacado de una zona de guerra. Camas, armarios y cuadros a la vista; las pertenencias de los agentes entre los escombros. Muchos de ellos estaban de vacaciones, lo que minimizó el peligro. Pero sólo la suerte evitó males mayores.
La potencia de la bomba fue descomunal. Las puertas de las casas de un edificio de viviendas situado en las proximidades del cuartel quedaron desencajadas. En su patio interior, los vecinos encontraron restos de chatarra que habían volado decenas de metros, procedentes bien del vehículo etarra o de alguno de los turismos que estaban aparcados a su alrededor. Y pudo ser peor. La bomba no estaba dirigida hacia la sede policial. Además, el hecho de que al otro lado de la calle hubiese una gran explanada abierta permitió que la onda se expandiese en todas direcciones. Según las primeras estimaciones, los terroristas habrían utilizado cerca de 300 kilos de explosivos.
La preparación del atentado fue minuciosa. Los terroristas cargaron el material en una 'Mercedes Vito' de color blanco que, según el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, habría sido rodaba recientemente en Francia, «si bien las placas de la matrícula se doblaron posteriormente en España, por lo que el coche parecía estar matriculado en Burgos».
Cuando hizo explosión, la furgoneta llevaba detenida cerca de catorce horas frente a la casa cuartel. Desde las 14.15 horas del martes. A escasos veinte metros de la fachada trasera. Para colocarla en la posición que buscaban, los terroristas se tomaron su tiempo. Según las cámaras de vigilancia, dieron varias vueltas alrededor del perímetro del edificio antes de localizar el sitio idóneo, un aparcamiento empleado de manera habitual por los vecinos de la zona. Al parecer se trataría de dos personas que fueron recogidas por una tercera una vez dejada la bomba, al parecer, con un temporizador para que explotase catorce horas más tarde.
Las medidas de seguridad diseñadas para proteger las instalaciones policiales establecen que los agentes tienen que verificar las matrículas de todos los turismos que aparcan en sus inmediaciones. Nadie se saltó el protocolo. Tanto la 'Vito' como otro vehículo estacionado en la zona levantaron las sospechas de los guardias, que alrededor de las 22.00 horas comprobaron sus datos. Durante las últimas semanas, los responsables de la lucha antiterrorista habían advertido de que ETA podría estar detrás del robo de tres furgonetas con las que buscaría perpetrar un atentado de grandes dimensiones: una 'Kangoo' blanca, una 'Berlingo' y una 'Vito'. Pero los datos enviados a las diferentes comisarías y cuarteles hablaban de que la 'Mercedes' era verde, no blanca, como la aparcada en Burgos.
Indiscriminados
Además, las placas eran falsas, pero correspondían a otra furgoneta del mismo modelo y color propiedad de un vecino de la zona, lo que hace pensar a las fuerzas de seguridad que uno o varios miembros de la banda habrían controlado durante meses los movimientos alrededor del edificio. Constatado que un residente tenía una 'Vito', los terroristas habrían robado una similar para cometer la masacre. Se da la circunstancia de que cuando la Guardia Civil de-sarticuló en julio del año pasado parte del 'comando Vizcaya' descubrió que uno de sus objetivos era la casa cuartel atacada ayer.
En este sentido, los responsables de la investigación consideran que detrás de esta acción podrían encontrarse los 'restos' de aquel 'talde'. La operación del instituto armado desveló que el entramado diseñado por la organización en Vizcaya estaba compuesto por dos ramas independientes: la liderada por Arkaitz Goikoetxea, que fue la que cayó; y la encabezada por Jurdan Martitegi. El activista habría logrado reclutar a varios miembros 'legales' -sin fichar- antes de ser arrestado este pasado mes de abril cerca de Perpignan, en el sur de Francia. Los miembros de este grupo podrían ser los autores del asesinato de Puelles y del atentado contra la casa cuartel de Durango en agosto de 2007.
Con esta acción ETA recupera sus atentados más indiscriminados. Artefactos de gran potencia que estallan sin previo aviso. Una estrategia que, de manera reiterada, busca provocar una matanza entre los diversos cuerpos policiales. En especial, entre la Guardia Civil. Durante los dos últimos años, la banda ha atentado contra otros tres edificios como el atacado ayer: en agosto de 2007 en Durango; en marzo de 2008 en Calahorra y dos meses después en Legutiano, donde falleció Piñuel. A estos hay que añadir los intentos por asesinar a los miembros de la Er-tzaintza.
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