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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

arte

El arquitecto renuncia a construir un museo en el Principado después de que el nuevo primer ministro decidiera congelar el proyecto por la crisis

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Gehry rompe con Andorra
Maqueta del Museo Nacional d'Art de Andorra.
Hasta junio era un 'matrimonio' joven e inmensamente feliz. Se dio el 'sí quiero' en 2007 a raíz del concurso para construir el Museo de la Pau i de la Identitat i Arxiu Nacional de Andorra. El Principado buscaba un arquitecto de fama internacional y lo encontró en Frank Gehry, el autor de la majestuosa flor de titanio que alberga el Guggenheim bilbaíno. Ambos prolongaron el romance con el diseño del trofeo de los premios Carlemany de las artes y pensaban extenderlo en el futuro al Museo Nacional d'Art, pero la crisis se ha interpuesto en su camino. La feliz pareja ha roto después de que el nuevo primer ministro, el socialdemócrata Jaume Bartumeu, haya decidido congelar sus planes conjuntos para intentar reducir la sangría abierta en las arcas públicas.
«Andorra no es Dubai. Y a la vista de la dramática situación de las finanzas públicas, vamos a parar los proyectos (...). Se ha acabado la época de las iniciativas grandilocuentes», zanjó el dirigente en una entrevista en 'La Vanguardia'. A Gehry el anuncio le hizo mucho daño y, desairado, envió una carta a la ministra de Cultura expresándole su malestar. La misiva empieza con una frase que marca su duro tono: «Estoy muy decepcionado con su país». Y la acaba informando que renuncia a cualquier participación en los proyectos de la discordia, con lo que procede a rescindir unilateralmente el contrato para levantar el primero de los edificios diseñados.
El laureado arquitecto nacido en Toronto va más allá. Exige la recuperación de las maquetas que envió, reclama el pago de diversas facturas y revoca el derecho de Andorra a usar su diseño para los Carlemany. Su enfado es tan morrocotudo que ha decidido devolver un premio especial que le entregó Albert Pintat, predecesor de Bartumeu al frente del pequeño país pirenaico. Con cierta sorna, Gehry autoriza al primer ministro a retornar dicho galardón a la empresa que lo fabricó para «obtener un reembolso y usarlo para tapar agujeros». Todo, para paliar «la dramática situación por la que atraviesa Andorra».
«Me siento insultado»
Al principio parecía que el fin del idilio se debía al último cambio de gobernantes, ante la cantidad de iniciativas que le encargó en su día el liberal Albert Pintat. Nada más lejos de la realidad. «Me siento insultado por el anterior primer ministro y por el actual (...) No aceptaré nuevos insultos», proclamaba en la polémica carta, fechada el pasado 19 de junio. Que se enterara por la prensa de la congelación de los proyectos -«en lugar de tratar el asunto conmigo», precisa- fue la gota que colmó el vaso, aunque no la única ofensa.
Gehry dice sentirse molesto por los diversos cambios que debió introducir en sus proyectos, sin que existiera ningún incremento de honorarios de por medio (incluso hubo reducciones, porque los programas crecieron pero no su sueldo). Ahora, el viejo sueño del Principado de aprovechar la arquitectura emblemática como tirón turístico -lo que en las universidades han denominado el 'efecto Guggenheim'- está herido de muerte. Es la última víctima artística de la crisis.
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