La máquina de hacer soldados ha perdido sus ojos. Desde hace tiempo carece de la capacidad de distinguir e incluso los niños se convierten día a día en una presa apetecible para ser cautiva de sus frías enseñanzas. No pueden elegir y, siendo pequeños son desprendidos del afecto de quienes les rodean para minar poco a poco sus jóvenes mentes con ideas y creencias que deshacen todo gesto humano.
Se convierten así en vulnerables seres capaces de atentar sin dudar contra quienes más quisieron y estar dispuestos a morir por algo o alguien que quizá ni siquiera conozcan debido a sus prematuras edades. Ésta es lamentablemente una realidad cada vez más extendida en distintas zonas del mundo.
Una muestra de la existencia de niños soldado ha sido el rescate ayer de once menores por las fuerzas de seguridad paquistaníes que luchan contra los talibanes en el valle de Swat. Nueve víctimas fueron localizadas durante los allanamientos, mientras que los otros dos se rindieron voluntariamente en la ofensiva.
Se trataba de un grupo de niños y adolescentes de edades comprendidas entre los 9 y los 18 años entrenados por los islamistas como potenciales suicidas. «Les han lavado el cerebro de tal forma que incluso llaman a sus padres infieles», afirmó Bashir Bilour, ministro del gobierno regional en la Provincia Fronteriza del Noroeste.
Las instrucciones para asesinar eran justificadas por mandatos religiosos que les ofrecían a los precoces guerrilleros la recompensa de ir al cielo por matar a los enemigos del islam. De esta forma, morir inmolados en un ataque terrorista sería para estos menores una oportunidad que, de acuerdo con las enseñanzas recibidas, no debían desperdiciar para alcanzar la gloria eterna.
Manipular la mente
Los mensajes, encaminados a manipular y distorsionar sus mentes, se veían reforzados también mediante grabaciones de vídeo que mostraban la opresión de los musulmanes en Cachemira y los territorios palestinos. El resultado de todos estos mecanismos queda de manifiesto en los numerosos atentados suicidas reivindicados por los talibanes y ejecutados por este tipo de precoces terroristas.
El reclutamiento de niños realizado por los fundamentalistas ha provocado el desgarro de muchas familias después de ser obligadas a entregar a sus hijos para convertirlos en guerrilleros. La vuelta a casa no siempre es suficiente para recomponer, trozo a trozo, la armonía de los hogares deshechos. El grave estado psicológico de algunos de los jóvenes que han podido regresar con sus padres después del adoctrinamiento les ha impedido integrarse con los suyos.
Precisamente por esto, muchos padres se han visto en la necesidad de desprenderse otra vez de sus hijos para entregarlos a las autoridades. El Gobierno será el encargado de rehabilitarles, una tarea difícil debido a los traumas y secuelas que perduran en las mentes de unos niños con una infancia perdida tras el intento integrista de convertirlos en descerebradas máquinas de matar.