Entre el uno y el seis, discurren todos los ríos, dependiendo de la bravura y peligrosidad de sus aguas. El Piqueras está catalogado como nivel cuatro. Es un río extremo, con dificultades en el descenso y que exige, por tanto, especial destreza de los piragüistas. Hasta ochenta se reunieron ayer en el noveno descenso que se realiza a este río, aunque en las cinco primeras ediciones también se bajaba el Albercos. Hoy en día, el desafío en solitario pertenece al Piqueras, que ofreció toda su resistencia durante la mañana.
A lo largo de 5,9 kilómetros, entre Fuente los Eros y el cruce de Villoslada de Cameros en la N-111, y con un desnivel de 296 metros, fueron remando los 'kayakers', quince de ellos riojanos; también hubo representantes ingleses, franceses, brasileños. Tardaron entre seis y siete minutos en cumplir el objetivo, acompañados desde la carretera por numeroso público. Brilló el sol en la sierra.
Una bajada técnica y limpia, que no castigó el físico de los participantes. Sólo lamentaron algún remo roto. «Es un río que exige nivel, porque es realmente complicado», explica Pedro Mena, miembro de Kayak Rioja, club que hace posible el descenso.
El Piqueras baja caudaloso, un metro cúbico más que el año pasado -a unos 6,5 m3/s-, y acelera el ritmo. Con más velocidad, la prueba ganó atractivo para los propios participantes, que trabajan mucho el remo para mantener el kayak a flote. Los piragüistas, en su mayoría foráneos, disfrutaron los obstáculos naturales del río. «No es nada fácil organizar esto en La Rioja», valora Mena, en agradecimiento a su club y a la colaboración del Ayuntamiento de Lumbreras -hinchables, degustaciones, etc.- y el Gobierno de La Rioja.
En seco
La mañana del domingo transcurrió entre el río y sus mejores miradores, y el pueblo de Lumbreras, donde siempre se ubica el campamento base: una carpa con ranchos y caldos que atraían a cualquier olfato. Junto a la iglesia del pueblo camerano, degustación de choricillo a la sidra, jamón y queso sin kayak en el río, que aguarda ya nuevos valientes para el próximo verano. «Tenemos muchas ganas de seguir, estamos muy agradecidos a los participantes y a los habitantes de Lumbreras, porque hacen grande esta prueba», alude Mena.
En 2010, este «joven» descenso seguirá creciendo. Nacido en 1995, aunque aletargado desde 2000 hasta 2006, el reto gusta a aficionados y especialistas del remo, encantados con la prueba y la oferta gastronómica del enclave en Cameros. Geográficamente muy agraciada, la zona engancha visitantes. En esta novena edición, la participación ha alcanzado una cifra récord.