Las vacaciones no sólo sirven para divertirse. Durante el verano se pueden hacer muchas cosas, entre ellas ir a un barnetegi a aprender o perfeccionar el euskera. El de Amorebieta, perteneciente a la fundación Aurten Bai (http://www.aurtenbai.com/), tiene capacidad para acoger a unos 90 alumnos que asisten a cursos intensivos en régimen de internado o de media pensión. En verano recibe a personas de todas las edades que buscan pulir su conocimiento de la lengua vasca, prepararse para el examen para obtener el Certificado de Conocimiento del Euskera (EGA) o simplemente mantener el nivel de lo aprendido a lo largo del curso.
«Yo estoy aquí porque necesito el EGA para trabajar», explica Patricia Paz, baracaldesa, profesora de educación física y educación infantil. «He estado haciendo sustituciones y los niños me gustan, y si quiero trabajar aquí en la enseñanza necesito el título. O lo sacas o lo sacas. No hay alternativa». Paz ha afrontado el examen sin éxito en un par de ocasiones y ahora lo intentará en septiembre. «No le coges manía a la lengua, al euskera, que me gusta -aclara-. Lo que te fastidia es la situación». Ha estado interna todo el año y acaba de pasar en este barnetegi la primera quincena de julio. Ahora se tomará un respiro, «voy a estar al sol un mes y luego vuelvo para preparar el examen de septiembre».
Convivencia
La ventaja de los barnetegis es que las clases se complementan con la convivencia que se desarrolla también en euskera. «No sales de clase y te pones a charlar en castellano, sino que automáticamente lo sigues haciendo en euskera, lo que te da soltura», detalla la joven profesora. «Además, en verano el ambiente es diferente, más distendido, bajas al pueblo a tomar algo, se hacen actividades fuera del barnetegi y vas a la playa o al monte».
Los alumnos que repiten la experiencia hacen amistad «o forman cuadrilla». Paz ha coincidido y ha hecho migas con un colega, otro joven profesor de educación física, Gaizka Lambarri. Es de Orduña y en cuanto al objetivo de sacarse el EGA, «estoy en ello. Este es mi tercer verano en el barnetegi», detalla. La 'historia lingüística' de Lambarri es muy común. Necesita aprender euskera, quiere hablarlo, le gusta, pero en su localidad no tiene con quién: «Mi entorno no es euskaldun. En Orduña no se habla por la calle. La gente de mi edad lo domina más o menos, pero no lo habla». Para mantener la fluidez y sobre todo no olvidar lo que se ha aprendido durante el curso, «tienes que venirte a un barnetegi en verano, porque te lo tomas de otra forma. Siguen siendo un montón de horas de clase -ocho diarias, se empieza a las 8.30 de la mañana- pero te organizas para que no te resulte tan duro como durante el resto del año». No se trata de unas vacaciones, «pero te lo pasas bien, sobre todo si sabes que al volver te vas a encontrar con amigos».
Eneko Astola es uno de ellos. De hecho, su amistad es anterior al barnetegi, porque Lambarri y él estudiaron juntos. También profesor de educación física, este joven de Loiu pasa su primer verano en el barnetegi de Amorebieta, en el que estudia desde octubre. El entorno de Astola sí es euskaldun, «todos mis amigos en Loiu lo son. Sin embargo yo fui a un colegio de modelo A». Así que su vida social siempre ha sido en castellano. Hasta que necesitó el euskera para poder trabajar.
Empezó a ir de un euskaltegi a otro. «Pero vi que no era suficiente. Lo que no aprendes en dos años en un euskaltegi lo aprendes en 9 meses en el barnetegi». En estos centros se vive y sobre todo se convive en euskera, además de estudiarlo, «mientras que en el euskaltegi la gente pasa de hablarlo entre clase y clase, y cuando te vas a casa te olvidas porque desconectas». Pasar quince días de verano en el barnetegi es el extremo opuesto. «Yo es que esto no lo veo como estar estudiando -asegura Astola-, pasas unos días aquí hablando en euskera. Así que salgo de aquí y hablo en euskera en cualquier sitio». También con sus amigos: «En mi cuadrilla les hace gracia, porque yo hablo en 'batua' y ellos lo hacen en 'bizkaieraz'».
Fluidez
La necesidad de contar con el EGA para poder trabajar también ha traído a Lucía Bengoechea al Zorno-tzako Barnetegia. Ella no se dedica a la enseñanza, sino que trabaja en el Departamento de Sanidad. «Si he venido este verano ha sido sólo para hablar, porque me cuesta muchísimo», comenta. Una de las tres pruebas de las que consta el examen del EGA es oral y Bengoechea quiere mejorar su fluidez para presentarse en septiembre. «En verano esto es como parte de mis vacaciones. Si vienes a un barnetegi el resto del año hay más presión, porque se te apelotona todo: la familia, el trabajo y el euskera». En julio organizarse es más fácil. «Hay menos presión, además de que te olvidas del trabajo. Tengo dos hijos -explica-, ella de 12 y él de 10, y estos días los tengo colocados. Un día están en un campamento, otro con la abuela, otro con su padre». Los chavales son sus profesores particulares. «Estudian en euskera 'batua' y nos entendemos perfectamente». Y encima la corrigen: «'Berriro erratu zara, ama' (te has equivocado de nuevo, ama) es la frase más oída en mi casa» (ríe).
Alberto Calderón también tiene quien le corrija en casa: su hijo mayor, «de cinco años y medio. Tenemos otro recién nacido». Este bermeano nacido en Cáceres se dedicaba a la construcción, pero «debido a la falta de trabajo» quiere volver a estudiar. Él no necesita el EGA. De hecho, ya lo tiene.
«Esta es la quinta vez que vengo, siempre en verano. Suelo pasar aquí una quincena». Calderón empezó a estudiar euskera tras el nacimiento de su primer hijo. «Me di cuenta de que en Bermeo sólo existe el modelo D. Así que decidí aprender euskera para hablar con él y poder ayudarle cuando estudie». Empezó a estudiar y acabó comiéndole el gusanillo. «Yo estoy encantado con el euskera. Y lo mejor es que ya lo hablo con mi hijo. Yo le hablo en 'batua' y él me responde en vizcaíno de Bermeo». Los niños «lo atrapan todo y te corrigen. El mío, cuando cometo un error, también salta 'aita, hori ez da horrela!' (¡aita, eso no es así!)». Sin ningún examen temible por delante, ve la estancia en el barnetegi como un complemento de las vacaciones: «Estudiar no significa que no te puedas divertir. No es que salgamos todos los días, pero los fines de semana aprovechas, bajas al pueblo, tomas un par de cervezas... El ambiente es muy bueno, porque nos ayudamos unos a otros y eso hace que surja un vínculo entre nosotros».
Muy amigas
Susana Bernas, profesora bilbaína de Secundaria, también tiene el EGA desde hace tres años. «Desde que lo saqué he venido los tres veranos. En Bilbao no tengo entorno euskaldun y necesito hablar en euskera con alguien, para mejorar la fluidez y no perder vocabulario». El verano es la mejor época para conseguir esos objetivos: «Todo el mundo está más relajado y además tienes tiempo libre. Durante el curso aquí hay mucho estrés y ahora hay tranquilidad». Los meses anteriores a obtener el EGA eran bien diferentes: «Aquello fue espantoso ¡Menudos nervios! No tenía nada que ver con esto». Bernas pasó tres años en este barnetegi y tiene «amigas muy amigas que conocí aquí». Así que este mes de julio se ha traído a su hijo de 18 años. Como profesora, «estoy encantada de ver sufriendo ahí delante a un 'profe' que no soy yo» (ríe).
Uno de los 'profes' de Zornotzako Barnetegia es Jesús Arbaiza. Corrobora la impresión general de que un barnetegi es muy diferente en verano que durante el curso. «Ahora, en julio, es más relajado tanto para alumnos como para profesores. Procuras preparar un programa con cosas que a ti te gustan y que sabes que al alumno le van a gustar». En agosto el ambiente cambiará, con los alumnos preparándose para el examen del EGA en septiembre. «Aquí la convivencia es muy estrecha, los alumnos pasan aquí más horas que en ninguna otra parte y los nervios se contagian con facilidad. ¿Qué le vas a decir a una persona que se ha presentado cuatro veces y no ha aprobado?». El aprobado da lugar «a unas alegrías increíbles. Pero siempre hay quien se queda en el camino. Me alegro por los que aprueban, pero es más fuerte la pena que sientes por los que no lo hacen».