Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 15 febrero 2012

Más Actualidad

17.07.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
La muerte de un bebé de tres años, abandonado por su madre durante horas en el interior de su coche en una mañana de sol tórrido, repele a cualquier lógica, porque no hay nada más antinatural que una madre descuidando a su hijo. Ayer ocurrió en Leioa, como hace un año sucedió en la localidad sevillana de Camas o en la gerundense de Olot. Tres casos diferentes, un idéntico patrón de dejación y un mismo resultado, un bebé muerto. Es evidente que la investigación iniciada ayer, que de momento se ha saldado con la detención en primera instancia de la madre por homicidio imprudente y su posterior puesta en libertad con cargos, será la que determine con precisión los acontecimientos que rodearon la tragedia y si existen razones patológicas o condicionantes psicológicos para el olvido mortal. Y, por tanto, sería inadecuado realizar valoraciones concretas sobre un suceso todavía sin esclarecer en todos sus aspectos. Pero el simple hecho de que se haya producido es una señal de alarma, una más que sumar a las que se vienen sucediendo en los últimos tiempos; porque los episodios de desatención paterna o de abandono de los hijos, sea dentro de un coche o de una vivienda, sea por descuido, por olvido o por negligencia, han dejado de ser excepcionales. Son numerosos los casos de dejación que la suerte, la colaboración ciudadana o la diligencia de los servicios asistenciales impiden que terminen en tragedia. Una reiteración lo suficientemente grave como para cuestionar el carácter prioritario que los menores tienen en nuestra sociedad y la obligación insustituible que recae sobre los progenitores.
Cuando se producen estas muertes, más dolorosas por la vulnerabilidad de sus víctimas, se buscan explicaciones en el vértigo de la modernidad, el papel secundario que los niños tienen en la vida de sus padres, el cambio de rutinas que representa el verano y el estrés, comodín para dar sentido a cualquier acción desconcertante. Puede que en el suceso de ayer, como en los que periódicamente sacuden nuestras conciencias, estos factores estén presentes. Pero si la apelación a la fatalidad o al accidente puede servir como explicación genérica y voluntarista, jamás debería esgrimirse como excusa para impedir un análisis profundo que permita saber, más allá de la criminalidad, qué pautas de comportamiento, qué hábitos de vida o qué valores están quebrándose para que se produzcan estos 'olvidos' inexplicables. Desde ayer, sin duda, no habrá ser más infeliz, desesperado y triste en el mundo que la madre que dejó morir a su hijo al sol.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS