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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 10 febrero 2012

Vizcaya

inspección

Un estudio de Idom concluye que el estado de su estructura es«excelente», salvo por la falta de pintura y pequeños achaques

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El Puente Colgante supera con nota la inspección más importante de su centenaria historia. La ingeniería Idom ha escudriñado sus entrañas en busca de deficiencias y apenas las ha encontrado. A falta de la finalización definitiva del estudio, las primeras conclusiones revelan un estado de salud «excelente». Aunque, a las puertas de cumplir 116 años, resulta lógico que para mantener esa lozanía se aconseje un lavado de cara. Básicamente, un repintado integral para evitar la corrosión y renovar varios de los tirantes metálicos que ayudan a soportar el peso del travesaño horizontal y que, según reconoce el director de relaciones institucionales de El Transbordador de Vizcaya, José Antonio Dolara, «tienen algunos hilos sueltos». En su opinión, reparaciones de menor importancia pero que, quizá por tratarse de un monumento que precisamente cumple hoy tres años desde que la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad, tienen un elevado coste. Más de un millón de euros.
La empresa gestora de la estructura confía en que tanto el Gobierno central como la Diputación arrimen el hombro, porque «una inversión de esta envergadura no está al alcance del concesionario». Ya ha solicitado las subvenciones correspondientes a ambas instituciones, y está a la espera «de una respuesta positiva para iniciar las obras cuanto antes». Dolara asegura que entre las prioridades de conservación ya estaba prevista otra mano de pintura. «Aunque aguanta muy bien después de más de 12 años de la última intervención integral, es necesario renovar la protección para evitar que la estructura se corroa a causa de su exposición permanente al viento y el salitre», subraya.
Lo que sí ha sorprendido a la empresa es el coste de la operación. Y eso que la pintura, aunque supere de largo los 100.000 euros, no es lo más llamativo. «Con todo el andamiaje necesario, los gastos se disparan al medio millón».
Péndolas y ménsulas
Las péndolas también requieren una reparación. Son los tirantes metálicos que facilitan que el travesaño horizontal 'gravite' entre las torres. La estructura, en realidad, no está soldada a los pilares, sino tan sólo apoyada. De ahí el sobrenombre de colgante, aunque muchos lo asocien a la suspensión de la barquilla.
«Los ocho cables principales que atraviesan el puente y están anclados en ambas orillas se encuentran en perfecto estado, según indica la firma Eurocontrol, que los ha analizado», explica el responsable del puente. A ellos se agarran las cerca de 70 péndolas que soportan gran parte del peso de un travesaño que, a su vez, se apoya en las ménsulas, los 'capiteles' adosados a las torres que ayudan a soportar el peso del tablero de forma equilibrada. El informe también apunta que alguno de estos perfiles está afectado «y sugiere su sustitución aprovechando el andamiaje para el pintado, aunque si no tampoco pasaría nada porque llevan así décadas».
Idom sólo está pendiente de realizar los últimos estudios en la cúspide del puente. Su parte más alta es al mismo tiempo la más oculta. Difícil de analizar. Inaccesible. «Se ha tardado en encontrar la maquinaria adecuada para auscultar estas zonas complicadas, que en España sólo la tiene la Universidad de Oviedo», aclara Dolara.
El trabajo realizado en colaboración con Inertek, en cualquier caso, es «asombroso». La empresa gestora dispone ya de un escaneado tridimensional del gigante de hierro. El Puente Colgante dividido en 40 millones de puntos que permiten recomponer en el ordenador todas sus piezas con el máximo detalle. Y valorar su estado. «Se han hecho los cálculos como si la estructura se volviese a construir ahora, con las actuales normativas». Simulaciones de temperaturas, vientos y cargas. Las ha superado todas, «y ya sabemos con exactitud qué es lo que puede soportar».
Viejas heridas
Los resultados han sacado a la luz incluso viejas heridas ya olvidadas. De la Guerra Civil, nada menos. Cuando en la noche del 15 al 16 de junio de 1937 las tropas republicanas volaron el travesaño horizontal en un agónico intento por frenar el avance del bando nacional. «Pusieron explosivos de tanta potencia que hemos descubierto ahora que algunas de las barras cruzadas de las torres quedaron ligeramente abombadas, aunque no es necesario tocar nada», desvela Dolara.
El Transbordador de Vizcaya ha solicitado las ayudas al Gobierno central a través del denominado uno por ciento cultural, su principal programa de subvenciones para la conservación del patrimonio histórico nacional. Una partida que gestionan los ministerios de Fomento y Cultura y cuya cuantía procede de las obras financiadas por el Estado. La Ley de Patrimonio Histórico establece la obligación de que al menos el 1% de esas inversiones se destine a trabajos de conservación o enriquecimiento del Patrimonio Histórico o al fomento de la creatividad artística. La Diputación, por su parte, también debe dar el visto bueno a la actuación y apoyarla económicamente. «El Departamento de Cultura ya ha dictaminado de forma clara que el objeto es garantizar el buen estado de la estructura», dice Dolara.
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