Pedagogo, licenciado en Historia del Arte, docente de Secundaria y profesor de formadores en la Universidad Autónoma de Barcelona, Boris Mir trabaja en el Departamento de Educación de la Generalitat. Partidario de la introducción de las nuevas tecnologías en el aula y la autonomía de los centros, mantiene que los resultados no se mejorarán si no hay un cambio estructural del modelo educativo. Mir dio una conferencia sobre estrategias de aprendizaje con las nuevas tecnologías en el cuarto encuentro de 'Edublogs' celebrado en Getxo.
-Un ordenador por cada alumno, ¿ayudará a aprender más y mejor?
-De momento, no está demostrado que la creación de las aulas digitales mejoren el rendimiento escolar. Primero se dotó a los colegios de un ordenador, después de un aula informática, y ahora la aspiración es lograr un terminal por alumno... Cada siete u ocho años hay oleadas de introducción masiva de tecnología en las clases y se cree de forma inocente que eso, por sí solo, va a traer un cambio.
-Pero el colectivo 'Aulablog' suscribió en un congreso que la tecnología mejoraba la disposición y la motivación en la escuela.
-Para el alumnado, el paradigma tecnológico es más cercano que el de cuaderno y pizarra. Pero la revolución no deber ser sólo tecnológica, sino estructural. Si la introducción de nuevas herramientas informáticas no se acompaña de un cambio en la mentalidad del profesorado, de la gestión del aula, de los métodos de evaluación, de los procesos de aprendizaje... se reproducirán los mismos modelos con otras herramientas. Es decir, se sustituirá el cuaderno por un blog o la pizarra por el encerado digital. Ha habido ejemplos de introducción de la digitalización (TIC) en otros países o comunidades, y sólo han funcionado en el contexto de las aulas de autor. Cuando hay un profesor carismático y un equipo con un proyecto definido. Los docentes que sacan rendimiento de las TIC suelen gestionar las clases de otra forma, generando un clima de comunidad de aprendizaje.
-Habla de modificar la gestión del aula, ¿cómo debe hacerse?
-Las innovaciones que proclamamos -el seguimiento individualizado, la evaluación continua, el aprendizaje no memorístico...- ya se contemplan en la ley del 73. Pero es difícil hacerlo porque puede haber muchos equipos educativos singulares. Lo que ocurre es que el sistema escolar es un gran engranaje que no se modifica sólo por que se sustituya una pieza. Un paradigma de la enseñanza tradicional es el libro de texto; más del 90% de profesores lo usan.
-¿No podrían convivir ambos formatos?
-Pero no lo hacen. Uno es el predominante. Las experiencias alternativas son muy minoritarias. La implantación tecnológica debe ser un proyecto de cada centro, de cada claustro. Hay que darle mayor autonomía a los colegios, dejarles decidir cual es su opción tecnológica. Y eso no es compatible con el funcionamiento del sistema, porque el que proporciona la tecnología es el Gobierno. Las autoridades educativas mandan ordenadores cuando igual el centro cree que lo más conveniente son videocámaras.
-Insiste en que es necesario un cambio. ¿Cuál es su propuesta?
-En los últimos años ha habido grandes cambios legislativos, pero los métodos de aprendizaje y la estructura de poder en los centros se mantiene. Ahora hay jefes de departamento o coordinadores. Si los recursos educativos no se empleasen en pagar sus sueldos, podrían hacerse equipos flexibles con jefes de proyectos. A veces dar más recursos no es la solución. Hay profesores con una tremenda capacidad creativa que con dos portátiles y una grabadora hacen maravillas. Y hay otros que van al aula de informática, pero el alumno no aprende nada. Lo mismo ocurre con el horario. ¿Por qué las clases son de una hora y no duran lo que tienen que durar y ya está?
Conflictividad
-¿Por qué no hay una demanda social de ese cambio que reclama?
-Porque en la escuela el aprendizaje siempre está en un tercer plano. Los padres eligen el colegio por sus instalaciones, el barrio, el alumnado... Y después está que aprendan. Cuando hay problemas en el comedor escolar o defectos en las instalaciones, todos los padres se quejan, pero no sucede lo mismo cuando sus hijos no aprenden.
-Se viene denunciando el aumento de la conflictividad en las aulas. ¿Los alumnos son más problemáticos?
-Lo que ocurre es que el sistema sigue siendo piramidal, selectivo y excluyente. Ahora hay aulas de inmigrantes, de refuerzo, de acogida... A los que no tienen el nivel del resto les enviamos a clases especiales, utilizando estructuras de segregación. La escuela debe diversificar sin excluir. El reto es cómo sacar lo mejor de cada alumno. Uno puede ser un escritor brillante, pero un matemático desastroso. Esta compartimentación de la educación, este sistema de listones... Un libro de texto es un listón, porque no es un modelo abierto.
-En este sentido, ¿cuales son las potencialidades pedagógicas de Internet?
-Internet es la forma contemporánea de un principio pedagógico clásico, que es introducir la realidad en el aula. Es una ventana abierta al mundo con un grado de horizontalidad impresionante. Vale tanto la página de un bloguero como la de cualquier periódico. Al profesorado le corresponde poner filtros a esta realidad y enseñarles a determinar la fiabilidad de las fuentes.
-Ahora que nacen con el ratón en la mano, ¿qué formación requieren?
-Dominan las herramientas, pero no tienen criterios de buenas prácticas. Son nativos digitales y manejan el plano tecnológico, pero debemos enseñar a los alumnos a adquirir las competencias adecuadas. Ellos deben saber qué contenidos son los adecuados, qué fuente tiene mayor fiabilidad... Un competente digital transforma la información que recibe en conocimiento, sabe a qué fuentes acudir, pero también domina las prácticas sociales y culturales de la sociedad del conocimiento y la ciudadanía digital. En este sentido, hay que labrarles el concepto de civismo digital.
-¿Cómo controlarles?
-La mejor herramienta es la educación. Un niño no puede estar conectado a las doce de la noche, pero nos da la sensación de que es inofensivo porque está ante una pantalla. Hay filtros en los ordenadores y en las escuelas, pero no suelen ser suficientes. Hay que inculcarles que Internet es como estar en la calle y enseñarles dónde y cómo filtran sus datos. Las aulas digitales potencian las capacidades de las personas, pero hay que usarlas para aprender.