La afluencia de propuestas a la segunda edición de 'País Vasco. Un alma solidaria' ha puesto en evidencia el amplio espectro de intereses que cubre el Tercer Sector en Euskadi. Los proyectos de las asociaciones Berakah y Aldarte, Fundación Itaka, el sindicato Ehne y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, seleccionados por el jurado, abarcan las necesidades de grupos tan dispares como los formados por las personas dependientes y sus cuidadores en el ámbito rural, los homosexuales maduros, los solicitantes de asilo y otros sectores sociales en riesgo de marginación, y suponen ejemplos destacados de este carácter variopinto.
Las 75 iniciativas que han concurrido al programa de ayudas, organizado por EL CORREO en colaboración con la Consejería de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno vasco, la BBK y la Asociación de Municipios Vascos-Eudel, han puesto de manifiesto la existencia de múltiples áreas de intervención. Asimismo, han demostrado el esfuerzo de numerosas organizaciones sin ánimo de lucro por mejorar la calidad de vida de colectivos muy dispares y la documentación aportada revela tanto la diversidad de planteamientos como la especificidad de los objetivos, resultado de ajustados análisis de la realidad.
La mitad de las intervenciones estaban dedicadas a los individuos en riesgo de exclusión, la infancia y adolescencia, ámbitos tradicionalmente favorecidos por una especial atención. En el primer capítulo encontramos diferentes grupos, a menudo víctimas de la discriminación y repudio social. Tal es el caso de las personas que ejercen la prostitución, beneficiarias de un plan de intervención psicosocial a cargo de la Asociación de Terapia Gestalt Zimentarri, establecida en Guipúzcoa, y que ofrece atención individualizada a las demandas psico-sanitarias y laborales de quienes la ejercen libremente.
La atención personalizada también es el medio empleado por Zubiko en su labor a favor de la inserción de presos y ex presos, otro segmento de la población con graves dificultades en su camino hacia la incorporación comunitaria. La propuesta de esta entidad vizcaína otorga especial atención a la inculcación de comportamientos no violentos y respetuosos con la igualdad de género. Por su parte, Arrats, grupo con sede en San Sebastián, pretende la resocialización integral para reclusos en la cárcel de Martutene, un logro que también busca la vizcaína Bidesari.
La creación plástica como una vía para la integración es estimada en varios proyectos. Es el caso de Amiarte, una entidad que ofrece la participación en un taller de pintura para quienes se enfrentan a procesos de duelo o a situaciones de penuria o adicción, y también la metodología de la asociación Zubietxe o de Creaturas Casa de Arte Bruto. Por su parte, el Centro Juvenil María Auxiliadora recurre a las artes escénicas como un modo de fomentar la educación en la paz y el respeto a los derechos humanos.
Entre los proyectos destinados a niños, hallamos dos relacionados con el acogimiento estival de niños de países del Este. Bikarte propicia las estancias de menores rusos provenientes de orfanatos y familias desestructuradas, mientras que la Asociación Chernóbil recibe a muchachos afectados por el escape radiactivo de la central nuclear ucraniana.
Los jóvenes en riesgo por consumos problemáticos y conductas delictivas también han motivado acciones como la de Etorkintza, basada en la puesta en marcha de grupos de apoyo. En este mismo ámbito se puede situar la labor de la Fundación Nuevas Claves Educativas, dedicada a los niños con problemas específicos de aprendizaje, y la de Amikeco, que inculca la equidad de género y el respeto entre sus programas de prevención de la violencia dirigidos a los adolescentes.
La educación en valores concita un buen número de demandas. La formación de espacios interculturales constituye la opción de Elkarbanatuz, una intención que se desarrolla mediante la disposición de tareas por parejas o grupos y monitorizadas por educadores, y, asimismo, el fin de la Fundación Adsis con su programa Costaleku.
La inmigración es un área amplia y compleja en torno a la que han surgido organizaciones de diferente signo o a la que han respondido asociaciones veteranas del Tercer Sector. El aislamiento y el posible bloqueo emocional, la precariedad laboral o los problemas ligados al desconocimiento de las claves culturales de la tierra de acogida, son algunas de las vertientes asumidas por el proyecto de la Fundación Social Ignacio Ellacuría, que ambiciona la incorporación social y ciudadana del extranjero desde las primeras fases de su experiencia.
En esta misma línea de actuación se encuentra SOS Racismo de Guipúzcoa y sus cursos para formar a la población foránea en el uso de los medios de comunicación, o el servicio de acompañamiento sociolaboral y atención jurídica que propone Ahislama. La mujeres inmigrantes son las usuarias de los proyectos de la donostiarra Garaipen y de la agrupación de Colombianas y Colombianos del País Vasco, y los jóvenes reciben la atención de la asociación Camino al Barrio en el ámbito de la salud sexual y reproductiva o la prevención del VIH-Sida.
Médicos del Mundo celebra el décimo aniversario de Bizkaian Bizi, un programa que pretende la integración del recién llegado mediante la realización de talleres de cocina, sanitarios o de formación laboral. Esta vertiente de incorporación al mundo laboral se contempla en Beti Zabalik, un recurso permanente de la Fundación Peñascal que ofrece al inmigrante cursos de alimentación-hostelería, climatización, metal o madera, entre otros.
El respiro, es decir, la generación de tiempo libre a personas que tienen a su cargo familiares dependientes, motiva el proyecto del sindicato Ehne, y también uno de los campos de actuación de la Asociación Uribe Costa, en su caso para quienes cuidan a personas con discapacidad intelectual. El mismo propósito anima a la Asociación de Familias con Necesidades Especiales Geube, de Durango, aunque en su iniciativa también destaca una oferta de ocio y tiempo libre para sus miembros y el mantenimiento de un piso que fomente la autonomía personal de jóvenes afectados.
La obtención de las necesarias habilidades sociales de cara a su emancipación reúne varios proyectos de entidades que trabajan con individuos afectados por discapacidades físicas y psíquicas que llegan a la mayoría de edad y aspiran a una vida independiente. El programa Aurrerantza recurre a una vivienda supervisada para que los muchachos prosigan sus estudios y aprendan tareas domésticas, administrativas y de gestión personal, mientras que el plan de los talleres protegidos Gureak aporta una herramienta de índole laboral.