Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Política

POLÍTICA

En el primer aniversario de su presidencia del PP vasco, ha devuelto al partido al centro de la política gracias al pacto que hizo lehendakari a López, aunque no ha logrado recuperar Álava
12.07.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
'Salta', de Tequila, fue una de las canciones que más sonó en la campaña electoral del PP, con un estribillo a la medida de Antonio Basagoiti. Cuando decidió tomar el mando del partido en Euskadi, estaba con un pie más fuera que dentro de la política, tras una larga etapa como concejal. Pese a su juventud -cumplirá 40 este año-, tres derrotas consecutivas contra Iñaki Azkuna (PNV) en la pugna por la Alcaldía le llevaron a pensar en una discreta retirada, dejando al PP como segunda fuerza en Bilbao.
Sin embargo, la abrupta salida de María San Gil del partido en mayo le colocó en una situación incómoda. No sabía adónde saltar. La cabeza le decía que aceptara un puesto en el Banco de Santander, en Boadilla del Monte. Pero el corazón recordaba a este licenciado en Derecho que tenía muchas papeletas para asumir el liderazgo. La guipuzcoana María José Usandizaga renunció a la pelea y el alavés Alfonso Alonso, acababa de situarse en Madrid, a la vera de Rajoy.
Basagoiti dudó. Demasiados cambios en su vida pública y privada, en un momento en que estaba en camino su tercera hija. Tras un tiempo de consultas, aceptó el desafío y tomó el mando de una formación descabezada, con graves problemas de identidad y una preocupante tendencia electoral a la baja. A él, dice, le «tira» la política.
Doce meses después, preside un partido que ha salido de las zonas de sombra. A pesar de unos discretos resultados electorales en las autonómicas, ha conseguido lo que no lograron sus predecesores con más votos: desplazar al PNV del Gobierno vasco. El PP está en la pomada tras una etapa orillado de la política vasca. Apoyó la investidura de Patxi López como lehendakari, firmó con luz y taquígrafos un pacto de legislatura al que se resistían los socialistas y obtuvo la presidencia del Parlamento vasco. Hoy es un partido influyente. Esta concatenación de hitos se ha visto frenada por la decisión del PSE de aplazar sin fecha la moción de censura que exigen los populares para hacerse con la Diputación alavesa a costa del PNV. A pesar de que la guinda de Álava está en suspenso, celebra un año dulce. En el mp3 de su primer aniversario como presidente del PP suena 'Beautiful Day', de U2.
-¿Cuál fue el momento crítico antes de tomar las riendas del PP vasco?
-Llegué a pensar que me metía en la cabeza del lobo. Había una crisis interna importante, después de la manera en que María San Gil abandonó el PP, y nos enfrentábamos a las elecciones más complicadas de nuestra historia. Reflexioné mucho. Tenía una oferta firme de trabajo en el ámbito privado. Estaba también el hartazgo de llevar doce años con escolta y, además, no soporto que nos hagamos la cama dentro del partido, cuando nuestro único enemigo es ETA. Estaba desengañado de la política. Cuando lo he pasado mal, me han ayudado Camps, Arenas, Gallardón, Aguirre... Y los de mi ejecutiva, por supuesto. Al final, decidí dar un paso adelante. He trabajado en un banco y he sido concejal, y me sentido más realizado representando a los ciudadanos.
Integrar a los críticos
'Los Restos del Naufragio', de Miranda Warning, le recuerdan que no todo fue coser y cantar. En favor de la unidad, se esforzó por integrar a los críticos, partidarios de San Gil y de mantener la beligerancia contra el nacionalismo, y se dejó un buen mechón de pelos en la gatera para confeccionar la dirección. Tuvo manos libres en los cargos intermedios, en los que apostó por una fuerte presencia de mujeres, pero el influyente sector alavés que lidera Alonso le impuso a Iñaki Oyarzábal como secretario general, en su primera gran decisión. Basagoiti no recelaba de Oyarzábal; simplemente no le conocía y pensaba para el cargo en otra persona. No le ha costado sintonizar con su segundo, aunque ese día no se le olvidará.
En una ceremonia celebrada el 12 de julio en el Euskalduna de Bilbao, hoy hace un año, Basagoiti fue nombrado nuevo presidente del PP vasco con el apoyo del 82% del partido, apenas seis puntos menos que San Gil. La crisis se saldó con más incorporaciones que bajas -63 frente a 20-. Pronto renovó el mensaje y propuso salir de la cueva. Se reunió con Josu Jon Imaz, Patxi López e Iñigo Urkullu antes de las elecciones. Entró en Sabin Etxea. Planteó diálogo «para que no sea la bandera» de sus rivales y acuerdos con los partidos, incluido el PNV, «esencial para vertebrar el país». Ya nadie se tira de los pelos en su 'casa', por lo menos en público, por tender la mano a los antaño proscritos. 'Boys Don´t Cry', The Cure.
-¿Cómo se plantea la relación con el PNV?
-En el País Vasco hay que llegar a acuerdos. Y esto es más importante en un lugar donde hay unos tíos que pegan tiros. Me propongo influir en más vascos y eso pasa por entenderse con el PNV, que representa a mucha gente. El PP tiene que hacer esfuerzos por compartir cosas con ellos, sin que ello suponga descabalgar a Patxi López. Lo que pasa es que el PNV no acaba de encontrar al líder. Urkullu no es el mismo cuando sube al Gorbea.
El nuevo PP se puso de largo con una rompedora campaña electoral que, como cantaba Leño, mostraba sus 'Maneras de vivir'. Nació así la política pop, la banda sonora de su concurso electoral -todas las canciones que se citan en este reportaje sonaron en la campaña-. Un gran cambio estético para un partido que tenía como referentes musicales a Norma Duval y Julio Iglesias.
Arantza Quiroga
Basagoiti ha cogido fondo político desde que se estrenó como concejal en 1995. El ímpetu perdido lo ha compensado con moderación, aunque a veces se muestra turbado ante asuntos aparentemente nimios. Parece bloquearse cuando le recuerdan un año después a San Gil y no se atrevió en campaña a decantarse a favor de Obama o McCain. Hay en él, motero practicante, un estilo que rompe en un partido de corte clásico como el PP, pero que no chirría porque no puede evitar un alma conservadora. Ni 'harley' ni 'cbr', sino una scooter como montura, eso sí, de 800 centímetros cúbicos.
«Que Dios os bendiga. Que Dios bendiga al País Vasco», se despidió en el cierre de campaña. Como en 'Mil calles llevan hacia ti', de La Guardia, siempre vio el camino libre para elegir a Arantza Quiroga como presidenta del Parlamento asco, pese a sus polémicas confesiones contrarias al condón y partidarias de la educación del Opus.
-¿Le ha costado encontrar su sitio dentro del partido?
-Me he llevado sorpresas agradables de personas con una forma de pensar honesta, volcada en la política, como Iñaki Oyarzábal. Pero me he llevado impresiones desagradables de otros que sólo estaban a lo suyo. Los resultados electorales y el pacto con el PSE me han dado legitimidad suficiente para optar por un partido abierto y moderado. Arantza Quiroga fue la elegida para presidir el Parlamento porque tiene cualidades de liderazgo y no es sectaria, pese a tener sus ideas. No comparto las críticas de aquellos que dicen que Arantza no debería hablar tanto de política. Donde tiene que ser independiente es dentro de la sala de plenos. Pero, fuera, no debe estar anestesiada. Si tuviera que elegir una canción para resumir este año, que sea una que hable de cómo superar los problemas.
Banesto: Tenemos lo que todos quieren: Nuestro Depósito Selección
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS