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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

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Tengo para mí que lo que mantiene en pie la civilización occidental no es el poderío militar, ni el libre mercado, ni cierta idea compartida de la democracia, sino algo todavía más evanescente: la confianza en los expertos. Por primera vez en la historia, los hombres contemporáneos mostramos una sólida confianza en el mundo. ¿Por qué? Pues porque se ha extendido la creencia de que todo lo que nos rodea -los edificios, los motores de los aviones, los filetes, los diagnósticos clínicos- está al cuidado de alguien muy listo y honrado que sabe perfectamente lo que hace.
Nuestra confianza, claro, es un disparate. Para comprobarlo basta con valorar la competencia y la meticulosidad con la que nosotros mismos realizamos nuestro propio trabajo. Lo siguiente es recordar que los expertos pertenecen a nuestra misma categoría taxonómica, es decir, que son muy parecidos a nosotros. Lo siguiente a lo siguiente es echarse a temblar.
Piensen por ejemplo en Zabalgarbi, la incineradora que se encarga de buena parte de los residuos sólidos de Vizcaya. Es sabido que la planta tiene partidarios y detractores, pero yo creo que, en general, unos y otros confían mínimamente en que su funcionamiento está controlado por numerosos expertos. Bueno, pues ahora unas muestras extraídas por la propia Zabalgarbi indican que los índices de contaminación del terreno se han disparado en los últimos tres meses.
La exaltación tóxica se aprecia al comparar los datos recientes con la tendencia de los últimos años. No tenemos ni idea de Química, pero no es tranquilizador conocer que en el suelo de la zona suben los niveles de plomo, zinc y cloruros, que son cosas que no sabemos qué son, pero que nunca echaríamos al gintónic. Y da todavía más miedo enterarse de que en esos suelos -bajo los que pasa el canal de Ordunte, que abastece de agua potable a Bilbao- se acumula una creciente bodega de arsénico. El arsénico sí sabemos lo que es: el contenido de los frasquitos etiquetados con calaveras que utilizan los envenenadores de las películas. Tras esta asociación inquietante, algún experto debería probar a tranquilizarnos.
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