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Política

POLÍTICA

07.07.09 -

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La decisión del Tribunal Superior de Justicia de Valencia sobre Francisco Camps nos devuelve al debate de las responsabilidades en democracia. Esta discusión se presenta en muchas ocasiones de forma confusa, algo que contribuye a frustrar muchas expectativas. La pregunta más sugerente que puede hacerse es ante quién es responsable el presidente de la Generalitat Valenciana. Para responder tenemos que saber primero de qué tipo de responsabilidades hablamos. Si nos referimos a las jurídicas, en este caso Francisco Camps es responsable ante el poder judicial. Sólo los jueces pueden decretar la culpabilidad o inocencia, con sus consiguientes sanciones civiles y penales, si es que procede. En definitiva, es un tipo de responsabilidad sencilla en la que las partes conocen las reglas del juego. El único peligro radica en que el poder judicial no sea neutral y decida beneficiar a alguna de las partes, saltándose los criterios jurídicos.
En cambio, las responsabilidades políticas implican procesos más complejos, que no confusos. Los políticos son responsables ante dos electorados distintos: los ciudadanos y sus compañeros de partido. A ambos grupos deberán dar explicaciones de sus actuaciones y las consecuencias serán las mismas si no convencen a alguno de ellos: perderán su apoyo. Pero esto no significa que pierdan el poder. Así, por ejemplo, nos podemos encontrar políticos que no gozan de la total simpatía de sus correligionarios pero que, al ganar elecciones, gobiernan ayuntamientos y comunidades autónomas. Y lo mismo puede suceder con el electorado. A modo de ejemplo, el Informe sobre la Democracia 2008 de la Fundación Alternativas analiza 133 municipios implicados en casos de corrupción: mientras el 70% de los partidos gobernantes perdió votos, el 70,7% de los alcaldes continuó, al mismo tiempo, en el poder. Las pérdidas electorales no fueron suficientes como para desalojarlos de los ayuntamientos.
Esto no quiere decir que la corrupción salga gratis. Si un partido está en la oposición y no es capaz de atajar los problemas de corrupción, su vuelta al gobierno será difícil. Una parte relevante del electorado no confiará en él. Aunque Mariano Rajoy salve en el corto plazo sus problemas de liderazgo apoyando a Camps, en el medio plazo será difícil que alcance el poder, algo que beneficiará a sus enemigos internos.
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