San Mamés tronó ayer como en las grandes ocasiones con motivo de la celebración de la final de la cuarta edición del 'Mundialito BBK'. Eran poco más de 10.000 pero parecían 50.000. Los aficionados de Colombia y Marruecos dieron todo un espectáculo de animación en la grada de 'La Catedral'. Una lección de color y de sonido. Banderas, timbales y trompetas. Lo de menos ayer en el campo era el resultado, que acabó siendo favorable al país sudamericano por cuatro penaltis a tres. Lo importante fue la fiesta y su mensaje: la hermandad entre culturas.
La acelebración arrancó por todo lo alto nada más abrirse las puertas del campo. Poco importaba que el pitido inicial se retrasase más de un cuarto de hora o que los dos equipos empezaran remolones y la primera ocasión se hiciera esperar al minuto 12. Fue obra del ídolo colombiano, Jon Paredes, a la postre pichichi del campeonato.
La selección sudamericana fue la primera en enfrascarse con el ritmo de la grada y comenzó a acariciar el balón. David Villada y Mario Osorio por las bandas desesperaban a sus rivales y no paraban de suministrar balones a los hermanos Paredes, que tenían loca a la defensa marroquí. Los africanos, por su parte, se limitaban a esperar una oportunidad que se les puso en bandeja en el minuto 35. Sacaron petróleo a uno de sus escasos contragolpes tras caer Dif derribado dentro del área. Iturralde no dudó en señalar el punto fatídico. El penalti, sin embargo, era desperdiciado por Hadili.
El fallo del rival espoléo a los colombianos, que no tardaron en ponerse por delante gracias al lanzamiento magistral de una falta por parte de Gildardo Osorio.
Excesiva relajación
En la segunda parte los sudamericanos se relajaron tras encontrarse con el segundo gol en un tiro desde 30 metros de Jon Muñoz. Marruecos, en lugar de hundirse, se conjuró para lograr la remontada.
A punto estuvo de lograrlo. Hadili remendó el error de la pena máxima con una gran jugada dentro del área y Ourozouk supo aprovechar un despiste defensivo para devolver el empate al marcador.
Quedaban más de 20 minutos, pero el cansancio hizo acto de presencia y el buen nivel de juego mostrado hasta entonces bajó muchos enteros. Ni siquiera la prórroga consiguió dictar sentencia. Si lo hizo Colombia desde el punto de penalti, con el único suspensde del fallo de Muñoz en la segunda tanda.