El protocolo con que se abrió el jueves la mayor ofensiva norteamericana en el sur de Afganistán (Helmand, el corazón de la rebelión talibán) ha aprendido mucho de los errores del pasado, aunque finalmente suponga hacer lo que los manuales de lucha antiguerrillera proponen: cómo privar del agua al pez insurgente. Un portavoz militar del general Petraeus, responsable de la operación en el Comando Central y reconocido como un estudioso y un teórico del combate contra las prácticas de las guerrillas, resumió en tres los objetivos de los estadounidenses y sus socios afganos: conquistar, controlar y quedarse. Es decir, tras expulsar a los rebeldes de los núcleos habitados, una política sobre todo civil y de reconstrucción material permitiría confirmar los logros obtenidos y evitar la vuelta de los insurgentes.
Todo esto estará adobado, además, con la política. Petraeus no ha ocultado la necesidad de que los jefes tribales y los ancianos del lugar puedan acceder al estatus de 'talibán bueno', como dicen los comentaristas en el vecino Pakistán para describir los esfuerzos políticos en Swat y, eventualmente, en el más complejo sur del Waziristán, la cueva del dragón terrorista encarnado por Baitulá Mehsud.
Barack Obama asume lo que fue un gran hallazgo verbal del derrotado candidato ante George W. Bush, John Kerry, en las elecciones de 2004: la de Irak era «la guerra equivocada en el lugar equivocado», presuponiendo implícitamente que el esfuerzo debió haberse destinado a Afganistán, donde, al fin y al cabo, vivió y encontró refugio Bin Laden. Así pues, lo que sucede ahora supone la corrección práctica de la política militar de Washington, porque, además, coincide con la aplicación de la primera retirada de suelo iraquí (desde el miércoles, los norteamericanos han abandonado las ciudades y se acantonan en bases cerradas, se hacen invisibles).
Que todo esto tenga o no éxito es otro cantar, pero al menos es más clarividente y reúne un cierto consenso internacional; incluida Rusia, que ayer, en vísperas del viaje de Obama a Moscú, anunció que autorizará el envío de equipo militar por su espacio aéreo. Oficialmente, la ofensiva está dirigida a garantizar la celebración en buenas condiciones de la elección presidencial del 20 de agosto en Afganistán. En realidad, se haría lo mismo sin tal cita electoral.