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CULTURA

'La revolución de los pinceles' reivindica en imágenes el alma de la capa y espada
04.07.09 -

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El arte como forma de lucha. Esto es lo que propone 'La revolución de los pinceles', una de las obras más premiadas en el último Salón Internacional del Cómic de Barcelona. El álbum, dibujado por Pere Mejan con guión de Josep Busquet, apuesta por el claroscuro, con un estilo expresivo, de línea suelta, cercana a la escuela francobelga. Un loable esfuerzo en el trabajo gráfico, que está siendo recompensado.
«El cómic es un paseo por la industria del medio, exagerado y sobredimensionado en algunos casos», explica el autor de las ilustraciones. «Es una historia de denuncia de un negocio pusilánime y enfermo, en el cual los autores son los que se llevan la peor parte. Es una historia que habla de luchar por lo correcto, que recuerda que en este mundo nadie tiene derecho a pisotear a nadie, y que, cuando esto pasa, quien es pisoteado tiene que luchar por sus derechos».
Busquet y Mejan plantean un mundo alternativo, una Francia de siglo XVIII donde el cómic está más que difundido. El protagonista, Philippe, es un artista del lápiz que dibuja la serie 'El Vengador Escarlata'. Diversos sucesos en su entorno precipitan el estallido de una revolución donde los autores de historietas emplean su mejor arma: su arte.
Sobre la gestación de 'La Revolución de los pinceles', el punto de partida fue el interés del guionista por escribir algo extenso. «Josep tenía en mente una pequeña idea: hacer una historieta de dibujantes espadachines en un ficticio siglo XVIII», relata Pere. «Partimos desde ahí, sin nada más. Yo me había propuesto dibujar un mínimo de una página al día, tiendo a ser muy barroco si no me pongo limitaciones. Así que la historia se fue construyendo de manera improvisada y orgánica. Es un ejercicio de improvisación. Obviamente, a medida que la historia avanzaba el guión requería mayor atención y Josep se volcó en cuajar las ideas dispersas, eliminar posibles caminos y definir el tronco argumental. En la historia hay elementos inspirados al 100% en vivencias personales, o de terceros».
Mejan empezó copiando a Jan, el creador de Super López, como tantos otros dibujantes de su generación. Después pasó a leer revistas para adultos de la talla de 'El Víbora', 'Cimoc', 'Metal Hurlant', 'Dossier Negro' o 'Makoki'. Entonces aparecieron autores como Max, Gallardo, Moebius, Raf. «Con el tiempo me dejé seducir por la magia de Picanyol», cuenta. «Descubrí a Mignola, profundicé en los autores de cómic japoneses, o europeos consagrados como Hergé, Franquin, Uderzo... Todos y cada uno de ellos han aportado algo en mi manera de ver y dibujar». También cita a sus compañeros de clase en la Escuela de Cómic Joso.
Primer trabajo
«Dibujar cómics es algo más que una cuestión de estilos visuales, existen muchos otros elementos, de composición, movimiento, ambientación, narrativa... Hay centenares de cosas a tener en cuenta. Y cada una de las personas que trabaja con el lenguaje de los tebeos tiene algo de lo que se puede aprender». Sigue sin hacerse a la idea de los premios que le han otorgado ante su sorpresa.
«Es mi primer trabajo y he cosechado con él más de lo que he aspirado a ganar en toda mi carrera. Cuando uno se sienta cada día a trabajar no piensa ni en premios ni en críticas ni en ventas. Simplemente piensa en finiquitar la página de manera más o menos correcta. Te duele la espalda, maldices no poder salir a tomar una cerveza con los amigos y te retuerces de rabia cuando tienes uno de esos días en que te bloqueas... Entonces aparecen los premios y es como si estuviera dentro de una máquina de esas en las que una pinza mecánica te saca de la ofuscación diaria. Te das cuenta de que tu trabajo se ha emancipado, ha hecho su vida, ya fuera de tu control».
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