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Restauradores del Vaticano descubren que Miguel Ángel aparece como figurante en uno de sus frescos de la Capilla Paulina
03.07.09 -

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El autorretrato escondido
El supuesto Miguel Ángel tiene un gesto serio. / EFE
A veces, los genios se dejan llevar por la vanidad. Alfred Hitchock tenía por costumbre aparecer fugazmente en todas sus películas. Algunos compañeros de profesión han ido un poco más allá e incluso se convierten en los protagonistas de sus propios filmes -véase Santiago Segura con la exitosa saga 'Torrente'-. Tal vez por eso, el asombroso parecido que un personaje de un fresco de la Capilla Paulina del Vaticano tiene con su autor, el célebre Miguel Ángel Buonarotti, no sorprendió a los expertos. «Es un autorretrato», sostiene el jefe de los restauradores de los museos, Maurizio De Luca, después de que el pasado martes culminara la rehabilitación de la obra para devolver la luminosidad a los colores. Una inversión de 3 millones de euros ha posibilitado el curioso hallazgo.
Con un turbante azul en la cabeza y gesto ligeramente autoritario, el supuesto Miguel Ángel representa a uno de los tres caballeros romanos que acompañan a la imagen protagonista: la crucifixión de San Pedro. El biógrafo 'oficial' del magnífico pintor, Antonio Forcellino, cree que en la obra aparece «de modo evidente» el tormento que caracterizaba el ánimo del genio del Renacimiento. Es un argumento de peso.
La prueba del algodón de que se trata del propio artista sería el atuendo, puesto que era costumbre en el autor protegerse del polvo con un turbante. Si a ello se le suma que el personaje en cuestión sale a lomos de un caballo -algo habitual en él, aficionado a los equinos-, puede considerarse que los especialistas ponen sobre la mesa pruebas contundentes.
Todos los restauradores consultados por el periódico 'La Repubblica' defienden la tesis de que se trata del famoso pintor, pero el director de los Museos Vaticanos todavía tiene sus dudas. Considera que es una «opinión compartida», pero no se puede dar por hecho que el caballero de la barba dorada sea Miguel Ángel. «Lo digo con sinceridad. Me parece que es él aunque sea bastante más joven, porque en aquella época tenía 70 años», reconoció pese a todo Antonio Paolucci. El rostro del personaje en cuestión, para más inri, guarda un gran parecido con el retrato que le realizó Daniele da Volterra en 1541.
Cristina Acidini, técnico de restauración del Polo Museale Romano, ofrece al prestigioso diario otro argumento 'inapelable': «Su expresión es de sufrimiento, triste y tensa, como si comprendiese la injusticia que se estaba produciendo (al crucificar a San Pedro boca abajo)». Que los artistas de la época realizaran un autorretrato era más común de lo que parece. Entonces, no existía la posibilidad de hacerse una fotografía y la pintura era la manera más sencilla de trasladar al prójimo cómo es una persona.
Al contrario que la Capilla Sixtina, la Paulina está cerrada para los visitantes; es un lugar de culto donde se expone el Santísimo Sacramento y está reservado al Papa y sus allegados. Fue encargada por el pontífice Pablo III Farnese a Antonio de Sangallo, que la arrancó en 1537. Miguel Ángel inició los frescos sobre 'La conversión de Saulo' y 'La crucifixión de San Pedro' cinco años más tarde. No ha sido hasta casi cinco siglos después cuando aquellas pinceladas se han hecho famosas.
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