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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Cultura

Festival de Jazz de Getxo | Tercera jornada

El dominicano Michel Camilo buscará repetir hoy la magia que creó en 2002 en el mismo tablado

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Un jazzman ilustrado
«Me siento muy arraigado en mi identidad». / EFE
Michel Camilo (Santo Domingo, República Dominicana, 1954) es un músico afable cuyas virtudes personales se trasladan a una música que atrapa por empática y exuberante al oyente al primer instante. Es un músico ilustrado e inspirado que puede pasar con naturalidad del jazz a la clásica, que abarca diversos campos sin perder la maestría. «Creo que eso se debe a mi educación clásica. Desde niño fui al Conservatorio Nacional de Música de República Dominicana. Descubrí el jazz a las catorce años y tenía la academia clásica desde los nueve. Continué los estudios clásicos al mismo tiempo que descubría el jazz. Y nunca pensé que una cosa negaría a la otra, sino al contrario: música es música. Siempre he creído en ese dicho de Duke Ellington de que sólo hay dos tipos de música, la buena y la mala. Aunque yo digo que son la buena y la no tan buena. A mí la música en general siempre me ha interesado. El jazz es una de las grandes para mí».
Artista cortés y extrovertido, Michel Camilo posee, claro, diversas facetas como músico y persona. Como intérprete contabiliza «por lo menos tres. Siempre digo que mi mundo musical son tres facetas: primero mi formación clásica, que vino de niño; la otra es el jazz, que me encanta por aquello de la creación al instante y el reto de la improvisación; y en tercer lugar mis raíces latinas, que salen a flote. Nunca las he negado, al contrario. Me siento muy arraigado en mi identidad como latino y de vez en cuando se vuelve muy preponderante en mi sonido. Estas tres ideas forman un triángulo, una pirámide, pero que se puede ampliar: me metí en lo flamenco con Tomatito, y hasta colaboré con Kepa Junkera, pues me interesan las músicas del mundo. También la música hindú, la africana...».
Fanático de Internet
«No se considera un artista poliédrico, de esos que tocan, escriben, pintan, sacan buenas fotos... Nada de eso. Leo muchos libros. De metafísica. Sobre religión. Me encantan muchísimo y tengo una gran colección de libros. De todo tipo. Y soy un fanático absoluto de Internet. Hay mucha información valiosa a la cual trato de acceder lo máximo posible».
Al margen de las bambalinas, Camilo ha rechazado ser padre de familia. «No tengo hijos, no. Desde el principio, Sandra, mi esposa, que también es dominicana, y yo nos trazamos una meta. Sabes que ella es mi manager personal desde hace veintitantos años y dirige mi carrera completa a nivel mundial. Pues al principio nos propusimos que la única forma de estar juntos era no tener niños y consagrarnos a hacer carrera lo mejor posible. Ella es mi gran apoyo, está en todos los conciertos y sabe cuándo las cosas salen bien y cuándo no. Ayuda mucho tener alguien así que te quiere y te protege y te dice lo bueno y lo malo. Hijos no tenemos, aunque suelo decir que lo son toda la música que hemos hecho juntos».
As del taekwondo
Hombre delgado, el dominicano ya no practica deporte. «Aunque no te lo creas, tenía una gran carrera en el taekwondo. Fui ganador de una medalla de oro, pues en Santo Domingo había una escuela muy buena y estuve como diez años. Cuando fui a Nueva York (donde vive) también me entrené, con el coach olímpico del equipo estadounidense, pero lo tuve que dejar. Iba a la Juilliard School a estudiar piano y entrenando con los cinturones negros, y tenía miedo de que me hicieran daño. Llegaba a casa lleno de moratones siempre. Y lo dejé con mucha pena. Me encantan las artes marciales y la disciplina que tienen».
Hoy repite en el 33º Getxo Jazz, donde con sus rampantes vaharadas latinas nos dejó a todos con la boca abierta hace siete años. Fue un show mágico. «Venimos cargados de esa misma energía. Tengo gran cariño por ese concierto. Recuerdo que fue apoteósico, y el público fantástico, y nosotros estuvimos a tope en el escenario. Con este trío ya he actuado. En el Blue Note de Nueva York, en Japón dimos catorce representaciones en unos diez días en Tokyo y Nagoya, en Viena, Zurich, Milano, Estambul... A Getxo iremos cargados y el trío funciona. Tenemos un repertorio de más de 60 piezas. Cliff Almond es un baterista que ha tocado mucho conmigo desde los 90 y Charles Flores ya lleva ocho años conmigo. Al mismo tiempo somos muy buenos amigos. Habrá mucha energía».
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