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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

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El desafío consumista a la recesión pierde pulso y el asalto a las gangas se toma con mucha calma
02.07.09 -

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«Lo que está rabiosamente de moda es la crisis»
Un empleado ajusta los nuevos carteles. / E. C.
Corte Inglés de Gran Vía, diez de la mañana. Es la hora H del día D: comienzan las rebajas. Sin embargo, la estampa que puede verse a las puertas del gran almacén dista mucho de parecer el desembarco de Normandía. Apenas una veintena de personas, mujeres en su mayoría, espera con cierto aire de indiferencia la apertura de la persiana. Un hombre mira el reloj con cara de resignación.
Las carreras por los pasillos y las peleas por las prendas hace tiempo que pasaron a la historia. «Ahora hay ofertas durante todo el año y la gente ya no viene tan a lo loco», explican Maite y Esther, dependientas con más de treinta años de experiencia a sus espaldas. «Aquí hemos visto de todo -recuerdan-, hasta gente pegándose por cazuelas». De la crisis, no quieren ni oír hablar: «Es la palabra más rabiosamente de moda, pero sigue viniendo mucha gente y al final se suelen cumplir todas las previsiones», auguran. Por si acaso, la casa saca la artillería desde el primer día y ayer ya había muchos artículos a mitad de precio.
A pesar de la recesión, siempre hay quienes cumplen con el ritual. Algunas clientas forman un corro y planifican la jugada: «Primero a la planta de señoras y luego ya subiremos a mirar zapatos». Cuando por fin se abren las puertas, se lanzan a las escaleras mecánicas. María Jesús y Raquel han venido desde San Sebastián «a la aventura». Buscan «algún pantalón de verano y calzado» y piensan gastarse «unos 200 euros, aunque si hay algo que merezca la pena nos saltamos el presupuesto». Llegan a la caza de gangas, pero, después de inspeccionar el género, reconocen resignadas que, «aunque hay descuentos buenos, lo que era caro sigue siendo caro».
«Yo vengo obligado»
A mediodía llega la hora punta. La gente aprovecha el tiempo del almuerzo para darse una vuelta por las tiendas y la Gran Vía presenta un aspecto casi festivo. Cientos de personas pasean al sol con bolsas en la mano, pero el bolsillo no está para muchas fiestas y se nota. Mientras que las grandes firmas pasan «una mañana tranquila», las franquicias de ropa más asequible están a reventar. Se ven colas en las cajas de Zara, H&M o Stradivarius, donde se pueden encontrar muchas prendas por menos de diez euros.
Asela, Joanna y Andrea no lo dudan y van directas a por las gangas. «Está todo más barato que nunca -decían-; es obvio que hay más descuentos que antes por la crisis». Estas tres jóvenes de Otxarkoaga bajaron al centro con el firme propósito de renovar el armario veraniego y a media mañana ya llevaban encima unas cuantas bolsas. «Preferimos venir el primer día, porque luego ya no queda nada», explican.
Otros no disfrutan tanto de la vorágine de las rebajas. «Yo vengo obligado», se lamenta Luis, de Leioa. Su mujer, Petri, se ha empeñado en comprarle unos pantalones. Después de un rato de búsqueda, exclama aliviado: «No hay talla para mí, así que me largo ahora mismo». Luis deserta, pero deja a su mujer y su hija armadas con la visa y en primera línea de fuego...
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