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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Política

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«Dos gobiernos y una misma política contra ETA». José Luis Rodríguez Zapatero y el lehendakari Patxi López escenificaron ayer el cambio en uno de los ámbitos donde aún no se había visualizado gráficamente, el de la cooperación institucional entre los Ejecutivos de Madrid y Vitoria tras años de enfrentamientos y tiras y aflojas derivados de los sucesivos desafíos soberanistas de Juan José Ibarretxe. De la tormenta perfecta a la balsa de aceite. Los protagonistas de la jornada, la del primer encuentro oficial entre los presidentes de los gobiernos central y vasco, no sólo se esforzaron al máximo en encarnar ese nuevo clima de «complicidad absoluta» en materia antiterrorista y estatutaria, sino que el anfitrión se aplicó especialmente en subrayar que, efectivamente, algo ha cambiado en Euskadi.
Tras la polémica desatada tras el asesinato del inspector Eduardo Puelles a manos de ETA y el agravio del PNV por el supuesto mensaje implícito de connivencia con el terrorismo que a su juicio destilaban las palabras del lehendakari, Zapatero no se mordió la lengua y alabó el «cambio cualitativo y determinante» que el liderazgo de Patxi López supone a la hora de acabar con la banda terrorista. Incluso, se atrevió a afirmar que el relevo en Ajuria Enea no sólo es motivo de «satisfacción, orgullo y compromiso de apoyo» para su Gobierno, sino que también dibuja en el horizonte «unas expectativas de paz, de convivencia y de lucha contra ETA más sólidas».
Dos horas y media después de la llegada de López a la escalinata de La Moncloa, ambos salieron juntos y distendidos en una imagen inédita -ningún presidente autonómico, y mucho menos Ibarretxe, ha merecido el honor de compartir la zona ajardinada del palacio con el presidente- para resumir los tres ejes sobre los que giró su «cordial, amable y afectuosa» charla: el combate contra la banda, el impulso a las infraestructuras vascas en las que participa el Gobierno central y las transferencias pendientes. Una entrevista a la que ambos quisieron dar un cariz de apertura de un «nuevo tiempo» de relaciones normalizadas y provechosas, que deje atrás «la bronca permanente» y en el que Euskadi esté presente en todos aquellos foros autonómicos en los que se trate el desarrollo del proyecto «que compartimos y queremos seguir compartiendo, el de España». Si López prometió que nunca más habrá una «silla vacía» de Euskadi, Zapatero garantizó al que llamó «lehendakari de la esperanza» que respetará el autogobierno, «la identidad vasca» y «vuestra lengua, el euskera».
En el capítulo antiterrorista, ambos incidieron en su absoluta sintonía, que, dijeron, rebasa la mera coordinación para convertirse en «complicidad», sobre cuatro pilares fundamentales: la persecución de los etarras para «erradicar» a la banda, la unidad democrática, la deslegitimación social y política del terrorismo para eliminar cualquier espacio «de impunidad y propaganda» que pudieran conservar ETA y su entorno y la «atención permanente» a las víctimas, que se convertirán, subrayó López, en el «frontispicio» de su acción institucional.
Los interlocutores celebraron la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo por el refrendo que supone, recalcó el lehendakari, para el pedigrí democrático de España y para la estrategia de aislamiento de los violentos. Además se comprometieron a intensificar la cooperación entre los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y la Ertzaintza para que se convierta también en «complicidad» y permita compartir información con «fluidez». Nada dijo López, en cambio, de la posibilidad de convocar una mesa de partidos que desemboque en un consenso por escrito de las fuerzas democráticas contra ETA -una especie de reedición del Pacto de Ajuria Enea- hasta que no fue preguntado. La invitación que lanzó Iñigo Urkullu el pasado fin de semana en una entrevista con este periódico y la animosa actitud del popular Antonio Basagoiti han colocado la pelota en el tejado de López, que ayer insistió en que no tomará una decisión definitiva hasta que concluya su ronda de contactos con las fuerzas vascas. «Si podemos ir más allá, iremos, pero sólo si sirve para afianzar la unidad de los demócratas. Si significa algún conflicto no lo haremos», subrayó, convencido de que el acuerdo fundamental ya está consolidado, sin necesidad de plasmarlo en un documento.
Empleo y meteorología
También en los contenidos y los ritmos para el «pleno desarrollo» del Estatuto de Gernika anfitrión e invitado mostraron una completa sintonía. De la reunión se desprendió que el primer traspaso será el ya acordado con el vicepresidente Manuel Chaves sobre las políticas activas de empleo para no más tarde del 1 de enero, y que después llegarán las de meteorología y salvamento marítimo, unas materias que anteriores Ejecutivos centrales han soslayado al considerar que podían duplicarse por no llevar aparejadas un traspaso de medios materiales, pero que López reclamó como propias aunque ya se ejerzan en la práctica. A partir de ahí, los comparecientes evitaron cuantificar el importe de las políticas activas de empleo y reconocieron que existen transferencias «de mayor complejidad», como la de prisiones, que requerirán más tiempo. Pero si Zapatero se comprometió a dar «el máximo impulso y celeridad» a los traspasos, López reiteró su voluntad de desarrollar «completamente» la Carta de Gernika, para «consolidarla», frente a unos nacionalistas -a los que una vez más no se citó expresamente- que buscaban su «defunción».
Sí les mencionaron en la última parte de su intervención, tras detallar los compromisos para inyectar savia económica a Euskadi: el impulso al TAV -especialmente al tramo guipuzcoano, donde faltarían incluso terrenos por expropiar-, a las estaciones intermodales y al soterramiento del tren en Vitoria, la regeneración de la bahía de Pasaia y los proyectos para impulsar un centro de biofísica en Leioa, un polígono industrial en Foronda y un proyecto para aprovechar la energía de las olas. Después, y como colofón, preguntaron a Zapatero por la férrea oposición del PNV en el Congreso y sus consecuencias. «Lo respeto, son las reglas del juego. Pero merece tanto la pena que eso sea para tener un lehendakari como Patxi López, que, sinceramente, no me produce una mayor perturbación».
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