Después de casi ocho meses de espera, un expediente de 20.000 páginas y millones de dólares en gastos judiciales, el candidato a senador por Minnesota, Al Franken, logró por fin un puesto en la Cámara alta y acabó con el recuento de votos más largo en la reciente historia de Estados Unidos. Ampliamente conocido por sus papeles de comediante en televisión y afilado comentarista de radio hasta que dio el salto a la política, la llegada de Franken a Washington va a proporcionar al Partido Demócrata algo que llevaba añorando mucho tiempo: el escaño número 60 en el Senado y con ello la 'supermayoría' que dará opción al presidente Obama a superar cualquier intento de veto o imposición de mociones dilatorias por parte de los republicanos en los procesos de aprobación de leyes.
Norm Coleman, un republicano que había ocupado el puesto la anterior legislatura, admitió su derrota horas antes de que el Tribunal Supremo de Minnesota confirmara que el recuento final de votos volvía a dar como ganador al candidato demócrata. En los comicios del pasado noviembre, Franken aventajó a su rival en tan solo 312 votos de un total de más de 2,8 millones emitidos. Esta escasa diferencia, unida a la denuncia de irregularidades en el voto por correo, movió a los conservadores a pedir el recuento y tratar por todos los medios de impedir que el partido del presidente pudiera alcanzar la mágica cifra de los sesenta senadores.
La satisfacción de Franken -«cuando alguien gana unas elecciones tan reñidas te das cuenta el valor que tiene cada voto»- fue correspondida por Obama, quien lo animó a trabajar juntos para «construir una nueva etapa de crecimiento y prosperidad para bajar los costes de la sanidad e invertir en las energías renovables que crean empresas y puestos de trabajo para que el país siga avanzando en el siglo XXI». Las palabras del presidente van más allá de un mero formalismo en la medida que los legisladores de EE UU no siempre se alinean con las tesis que emanan de su partido. Senadores y congresistas atienden antes que nada a las demandas de los electores de sus estados, lo que a veces entra en colisión con la línea marcada por el Ejecutivo que ocupa la Casa Blanca.
Del ala izquierda
A tenor de sus discursos de campaña y numerosas publicaciones, el nuevo senador podría ser encuadrado en el ala izquierda de los demócratas y, por tanto, un claro defensor de los proyectos más ambiciosos de la Administración Obama, como la universalización de la atención sanitaria o el cambio de modelo energético, los dos grandes debates que centran la actividad en ambas cámaras legislativas. Con todo, el presidente sabe que no las tiene todas consigo y el propio Franken se lo acaba de recordar. «Sé que se ha hablado mucho sobre el hecho de que una vez que jure el cargo seré el sexagésimo miembro del 'caucus' demócrata», aseguró. «Pero ésa no es la manera en la que yo lo veo. No voy a Washington como el senador número 60 de los demócratas, sino como el segundo senador por Minnesota».