Andy Murray derrotó ayer a Juan Carlos Ferrero en un clásico de Wimbledon. No se podría utitilizar el adjetivo clásico para referirse al partido como algo que grabarán en las academias de tenis o guardarán los aficionados para saborear de nuevo jugadas y emociones. Fue un clásico en el sentido de que así se ha ganado y aún se gana en estas pistas.
Antonio Martínez, el entrenador de Ferrero, explicaba tras su victoria contra Giles Simon que no es cierta la explicación sobre la mayor competitividad de los tenistas españoles en la hierba como una consecuencia de manipulaciones de los organizadores para cambiar las pelotas o la hierba. Que se había producido un cambio de mentalidad.
Y también que el tenis cambia constantemente y que la desaparición de ganadores con juego de saque y volea, que gobernaron Wimbledon durante años y a los que echan de menos los nostálgicos, se debe a la evolución táctica del juego. Ante la fuerza del saque y volea, los tenistas sin gran servicio desarrollaron un juego más agresivo desde el fondo de la pista.
Pero el poder aún manda en la hierba. Ferrero y tenistas como él, más habituados a la tierra batida, atacan más la pelota, la golpean cuando aún sube. Pero, para tener una oportunidad de presentar batalla, han de restar el servicio del rival. Y esa fue la primera tarea en la que Ferrero fracasó ayer en su intento de sorprender al ídolo local.
Aunque el primer set fue ajustado, Murray logró 9 'aces', ganó el 90% de los puntos con su primer servicio y el 75% con su segundo. Ferrero logró un 'ace' y una doble falta, la que entregó su servicio en el último juego del set, y ganó el 60% de los puntos con su primer servicio, el 38% con su segundo. Son cifras aplastantes, con consecuencias. Porque, como reconocía Ferrero tras el partido, ganar dos o tres puntos en cada juego con el servicio dio una ventaja a Murray que creó presión sobre el servicio del español. Y, como el escocés no es un tradicionalista del saque y volea, sino un tenista moderno, su poder desde el fondo de la pista en los restos sentenció el partido.
Pareja española
Ocurrió en diez minutos del segundo set. Ferrero había roto el servicio de Murray en el primer juego, pero desde el 3-1 se pasó al 3-5, con el escocés rompiendo el servicio a su rival con dos juegos en blanco. Esos diez minutos dejaron a Ferrero tocado mentalmente y enfrentado a un rival crecido, que atacaba con más convicción su segundo servicio con restos duros y bien trazados a las líneas.
La segunda parte del partido fue una exhibición de poder y acierto del número tres del mundo, que, tras su maratoniano partido contra el suizo Stanislas Wawrinka, se deshizo del español en una hora y 41 minutos y ofrece a los británicos la esperanza realista de tener un día, quizás este año, un ganador en Wimbledon.
Que el servicio poderoso y algo de volea ya no es suficiente se demostró con la fácil victoria del tenista moderno por antonomasia, Roger Federer, contra el gigante Ivo Karlovic. El suizo logró lo que otros no consiguieron, devolver el saque del croata, que, a partir de ahí, se descompuso. Tommy Haas será su rival en el camino hacia la final. Murray jugará contra Roddick.
En este Wimbledon sin Rafael Nadal había catorce españoles en el cuadro masculino y quien más avanzó, Ferrero, llegaba por invitación especial de la organización. Pero la pareja de dobles formada por Anabel Medina-Garrigues y Virginia Ruano se clasificó ayer para la semifinal.