Decenas de camiones satélite habían aparcado ya a las puertas del rancho que Michael Jackson construyó para recuperar su infancia perdida, y no quedaba ya una habitación de hotel en toda la comarca. Fue entonces cuando llegó, como un jarro de agua fría, el desmentido de la familia sobre la noticia propagada por CNN el día anterior.
Decenas, si no cientos, de miles de fans habían empezado los preparativos para una despedida pública que prometía convertir 'Neverland' en un lugar de peregrinación como el 'Graceland' de Elvis Presley. 'Los Angeles Times', el único medio que mantuvo la cordura de la duda hasta el fin, aseguraba ayer que el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, se había prestado a ayudar a la familia para sortear las barreras legales de enterrar a alguien fuera de un cementerio. La Policía había aceptado a regañadientes que las masas descendieran hasta el rancho por la estrecha carretera rural de Los Olivos, que atraviesa las montañas Figueroa. Y hasta el multimillonario que ayudó al cantante a evitar el embargo el año pasado, convirtiéndose en copropietario de la finca, había pedido a la población que fuera amable con las hordas de fans. Las cámaras habían retratado la entrada de una cementera, que se especulaba serviría para construir la tumba, y una empresa había instalado decenas de retretes portátiles. Todo para nada.
«Contrariamente a los informes de prensa, la familia Jackson declara oficialmente que no habrá velatorio público ni privado en 'Neverland'», dice la nota del publicista recién contratado. «Hay planes en marcha para un servicio público por Michael Jackson, que anunciaremos en breve». Así terminaba el sueño de despedir al cantante en un lugar mágico donde pasó los mejores y los peores días de su vida.
Jackson se había construido una finca con zoológico, parque de atracciones, lagos y sala de cine que compartía con empleados, vecinos, colegios y hospitales. Para algunos era un gesto de generosidad. Para los que nunca pudieron probar acusación alguna, un imán de niños que le atraían sexualmente. Estas acusaciones quebraron para siempre la felicidad de su paraíso particular, tras un humillante proceso judicial de cinco meses que le exoneró de toda culpa. El cantante no volvió a pisar el rancho. Sus animales, todos con nombre propio, están repartidos en diferentes zoológicos.
Una posibilidad, según 'Los Angeles Times', sería exponer el cuerpo en el pabellón deportivo Staples de Los Ángeles, donde la víspera de su muerte había entrenado para la gira de 50 conciertos que iba a emprender. El promotor de estos recitales expresó el deseo de que sus amigos le rindieran homenaje con un concierto, pero admitió que era una idea de largo plazo sin perfilar.
Ross, tutora suplente
La jornada de ayer sirvió también para despejar la incógnita de su testamento. Diana Ross puede dejar de sufrir por la suerte que correrán los tres hijos, como dijo entre lágrimas en un sentido comunicado al conocer su muerte. En el testamento de cinco páginas presentado en un tribunal de Los Ángeles, el Rey del Pop deja la custodia a su madre Katherine, de 79 años, y en caso de que ella faltase o no pudiera hacerse cargo, a la mujer de la que se enamoró cuando era un niño.
Ross tenía 24 años cuando presentó a los Jackson Five en un club de Beverly Hills, frente a los 9 de su pequeña estrella. Fue idea del productor Berry Gordy que viviera con ella una temporada para que lo entrenase. Es comúnmente aceptado que el pequeño se enamoró perdidamente de la seductora cantante.
La apertura de su testamento, redactado en 2002 por el abogado de la industria musical John Branca, que también asesora a Santana y Aerosmith, descartó ayer otras noticias publicadas por la prensa británica. Ahora se sabe, por ejemplo, que no dejó el catálogo de los Beatles a Paul McCartney para resarcirlo por habérselo arrebatado. Todas sus pertenencias, valoradas entonces en «más de 500.000 millones de dólares», serán para su madre, sus hijos y obras de caridad, administradas con plenos poderes por Branca y otro viejo amigo, John McClain. «He omitido intencionadamente proveer para mi ex mujer Debbie Rowe», escribió en su última voluntad. La enfermera de su dermatólogo y segunda esposa se divorció de él a los tres años, tras darle dos hijos que presuntamente habrían sido concebidos in vitro. Años después mostró interés por su custodia, pero acabó pactando su cesión por una suma de dinero sin revelar.
Más morbo
Más turbios siguen siendo los motivos de su muerte, a falta de los resultados de las dos autopsias. A la ristra de médicos y empleados que han alimentado el morbo estos días se unió ayer una enfermera de Los Ángeles dedicada a la nutrición. Cherilyn Lee dijo en las cadenas CNN y ABC que días antes de su muerte el cantante le pidió que le inyectase un fuerte analgésico posoperatorio llamado Propofol en genérico y Diprivan como marca. Jackson, que en los 90 había confesado una adicción a estos medicamentos a raíz de un accidente en el escenario, sólo quería dormir, algo que este analgésico -que debe ser administrado por un anestesista- logra en 40 segundos. «Michael, no lo entiendes, con esto puede que no te despiertes a la mañana siguiente», replicó la enfermera, que se negó a proporcionárselo. El paro cardiaco es una de las consecuencias de este fármaco si se mezcla con otros.