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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

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01.07.09 -

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S egún Diógenes Laercio, fue Terracas de Cefalonia, filósofo epicúreo del siglo III a.C., el primero en sentarse en una terraza a tomar algo. Al parecer, Terracas fue expulsado del Jardín por quedarse dormido y roncar brutalmente durante una charla de Epicuro, y regresó a su Cefalonia natal, donde, como no tenía nada que hacer, se sentó en el exterior de un estiatorio y consiguió que le colocasen una sombrilla y le sirvieran vino de Rodas y pastelitos de miel. A Terracas aquello le gustó y permaneció allí veintisiete años, hasta el día de su muerte, haciendo mucho gasto y alcanzando agradables estados de contemplación y somnolencia.
Desde entonces, la historia de las terrazas es una historia mediterránea y disfrutona. Sentarse en una de ellas es un ejercicio feliz que se practica con gran disciplina en las localidades costeras, bajo el sol y entre los guiris. También los bilbaínos, pese a nuestro genoma lluvioso y circunspecto, somos aficionados al género. Y esto no es algo que diga yo, sino algo en lo que parecen confiar los hosteleros de la villa, que este verano van a aprovechar el relajo ordenancístico del Ayuntamiento para colocar casi 500 terrazas, un 20% más que el año pasado.
Si todo va bien, las terrazas animarán considerablemente la vida de la ciudad, y no sólo la del centro. También en los barrios aparecerán las coloristas instalaciones portátiles. Los hosteleros aspiran a que la estrategia expansiva les ayude a capear mejor el temporal de la crisis. El Ayuntamiento, por su parte, les ha echado un cable al abrir un poco la mano a la hora de dar licencias, aunque insiste en exigir que las mesas y las sombrillas no sean demasiado cutres y publicitarias: nada de instalaciones propias de campings subdesarrollados. Los hosteleros tienen sus dudas sobre el vaporoso asunto del ideal estético de las sillas, pero unos y otros llegarán a entenderse. A los demás sólo nos queda asistir al mágico florecimiento de las terrazas en el asfalto calenturiento de Bilbao. Lo siguiente, claro, será tratar de ser felices buscando el cobijo de nuevas sombrillas, mientras brindamos por la memoria del improbable Terracas de Cefalonia, filósofo de dulce nombre y fundador del sagrado terracismo.
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