Los sacerdotes vascos que murieron «ejecutados por el bando vencedor» de la Guerra Civil serán recordados en un funeral conjunto a iniciativa de los obispos de Euskadi. Los cuatro prelados anunciaron ayer en un documento que el oficio religioso, previsto para el próximo día 11 en Vitoria, pretende recuperar la memoria de los presbíteros, cuya muerte -en 12 de los casos- fue ignorada y no fue registrada de manera oficial.
Los obispos pretenden zanjar así la polémica que se reavivó en octubre de 2007 con ocasión de la beatificación en Roma de 498 mártires, y que ya había aflorado en otras ocasiones cuando se trataba de recordar a las víctimas de una de las partes de la contienda fratricida. En Euskadi ha habido un movimiento importante para localizar fosas de ciudadanos fusilados durante la Guerra Civil y reivindicar la memoria y los derechos de quienes lucharon en el bando republicano.
Del casi medio millar de mártires beatificados el 28 de octubre de 2007, al menos 20 pertenecían a la diócesis de Vizcaya. Por ese motivo, el obispo de Bilbao y entonces presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, celebró un 'Te Deum' de acción de gracias en la catedral de Santiago, un acto que le sirvió para volver a apostar «por la reconciliación y la convivencia pacífica». También ahora, los cuatro prelados vascos aprovechan, como lo han hecho en otras ocasiones, para rechazar la violencia y la muerte «como medio de resolución de las diferencias políticas y sociales».
En el mencionado 'Te Deum', consciente del malestar que se vivía en las diócesis vascas por unas ceremonias que se consideraban «parciales», monseñor Blázquez se atrevió a deslizar un mensaje conciliador. «El que unos cristianos hayan sido beatificados no significa que otros sean desatendidos y olvidados», señaló en su homilía. «Podemos decir -añadió- que en la beatificación son mártires cristianos todos los que están, pero probablemente no están todos los que son. Dios lo sabe. Un proceso instruido con seriedad y rigor puede mostrar si en otros se dan también las condiciones para ser beatificados como mártires. La puerta está abierta para el discernimiento», concedió.
Ayer, veinte meses después, los obispos de Bilbao, Ricardo Blázquez y Mario Iceta, el de Vitoria, Miguel Asurmendi, y el de San Sebastián, Juan María Uriarte, cumplen con lo que consideraban «un deber pendiente» y suscriben «un ejercicio de purificación de la memoria». Junto al recuerdo de las centenares de personas que fueron ejecutadas, víctimas de odios y venganzas, los prelados quieren contribuir a dignificar a aquellos presbíteros que, «habiendo sido ejecutados por los vencedores han sido relegados al silencio».
Ariztimuño, 'Aitzol'
Se trata de Martín Lecuona Echabeguren, Gervasio Albizu Vidaur, José Adarraga Larburu, José Sagarna Uriarte, Alejandro Mendicute Liceaga, José Otano Miguelez, José Joaquín Arín Oyarzabal, Leonardo Guridi Arrázola, José Marquiegui Olazábal, José Ignacio Peñagaricano Solozabal, Celestino Onaindía Zuloaga, Jorge Iturricastillo Aranzabal, Román de San José Urtiaga Elezburu y José Ariztimuño Olaso. Este último, que firmaba sus artículos como 'Aitzol', fue un reconocido periodista y escritor, al que muchos historiadores catalogan como ideólogo del nacionalismo vasco. En los registros diocesanos y parroquiales de Euskadi sólo constan los nombres de dos de ellos.
Los obispos advierten de que no pretenden erigirse en «jueces de los demás», sino prestar «un servicio a la verdad», como uno de los pilares básicos para «construir la justicia, la paz y la reconciliación». En un ejercicio de autocrítica, además de pedir perdón e invitar a perdonar, y sin ánimo de querer «reabrir heridas, sino ayudar a curarlas o a aliviarlas», la jerarquía vasca llama a participar en un funeral conjunto el próximo 11 de julio en la catedral nueva de Vitoria. Al mismo tiempo, anuncian la publicación de una reseña de «quienes fueron ignorados» en el Boletín Oficial de cada diócesis y su inclusión en los registros oficiales de las parroquias.