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LA RIOJA

Logroño despide a la política, escritora y profesora Pilar Salarrullana, una mujer sigularísima con «una capacidad innata para dejar huella donde quiera que estuviese»
29.06.09 -

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La mujer de los geranios rojos
Salarrullana, en la presentación de su novela 'La segunda venida', en 2006. / R. LAFUENTE
Los ventanales del Ayuntamiento de Logroño lucen un manto de geranios rojos. Evocan una época anterior, aquella en la que Pilar Salarrullana caminaba a diario, cien proyectos en ristre, por los pasillos de la casa consistorial. Fue ella quien dispuso tan florido ornamento. Falleció el sábado. El cáncer se salió con la suya. Ahora, Logroño, su ciudad adoptiva, despide a una ex concejala insigne, que también fue senadora, diputada, escritora y profesora.
Fueron muchas las autoridades, actuales y pretéritas, que brindaron ayer un último adiós a Pilar Salarrullana. Menudearon recuerdos, semblanzas y anécdotas. Fue unánime la referencia a un rasgo singular: «Una capacidad innata para dejar huella allí donde quiera que estuviese». Ocurre que estuvo en muchos sitios, que arrostró muchos retos: dicen que supo dirigirse a la vida de tú a tú.
El alcalde de Logroño, Tomás Santos, no escatimó en calificativos: excepcional, comprometida, responsable... No hay duda, afirmó, de que fue una mujer avanzada a su tiempo. Recuerda el regidor la emoción que embargó a los munícipes hace casi un año, cuando Pilar lanzó el cohete de las fiestas de San Mateo. «Ha sido el colofón», dijo ella, «me ha dado mucha fuerza». La enfermedad ya era entonces una terrible realidad.
Fue concejala por Centro Democrático y Social (CDS). Su apoyo brindó la alcaldía al socialista Manuel Sáinz, negando la misma al popular José Luis Bermejo, en la legislatura que comenzaba en 1991. Ambos coincidieron en que fue «un personaje clave en el Ayuntamiento de la época». Sáinz destacó la especial capacidad que atesoraba para «observar la realidad política» y trasformar sus percepciones en «propuestas eficaces». Fue, añadió, «testigo privilegiado de los años de la Transición».
Bermejo habló de la «tenacidad» y la «honestidad» de una mujer que afrontó las primeras peatonalizaciones, propuestas polémicas que el tiempo ha confirmado como aciertos. Domingo Dorado, munícipe en la actualidad, ejerció como consejero de la edil. Recordó su lucha constante por una ciudad «menos árida» y su «templanza», esa que ha mantenido ante la enfermedad hasta el último suspiro.
El filósofo y fundador de Amigos de La Rioja, Pedro Zabala, habló de admiración, respeto y simpatía. Aludió a su valentía en los estudios sobre las sectas y a su papel destacado en el Senado como adalid del cambio de nombre de la entonces provincia de Logroño. Miguel Ángel Ropero, ex concejal y ex consejero, aprendió pronto a apreciar sus cualidades. Subrayó «ese sexto sentido para dejar huella, para no pasar desapercibida». Una prueba, tal vez la más insignificante, endulza la fachada sobria del edificio consistorial. Los geranios rojos evocarán siempre el ímpetu de Pilar Salarrullana.
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