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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 8 febrero 2012

Cultura

Rafael Gumucio Escritor

El chileno publica 'La deuda', novela en la que un cineasta de éxito se ve estafado por su hombre de confianza
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«Las deudas siempre se pagan»
Gumucio, escritor satírico. / VICENS GIMÉNEZ
Rafael Gumucio (Santiago de Chile, 1970) se define como vasco-chileno. No es que tenga parientes cercanos en Euskadi, pero sabe que su apellido tiene su origen en una pequeña pedanía vizcaína. La ha visitado. El País Vasco le parece «bellísimo». Incluso ha escrito ensayos sobre ciertas similitudes en la forma de ser, de pensar, entre vascos-españoles y vascos-chilenos, los que conforman esa «gran familia vasca». Cita un ejemplo: «El sentido del honor».
Él conoce por carne propia lo que significan las migraciones. Hijo de exiliados chilenos, vivió su infancia y primera adolescencia en París. A su vuelta a Chile se hizo escritor al comprobar que «ese entorno extravagante de los literatos era la mejor forma de vida para un pésimo estudiante como yo, el único lugar donde los malos alumnos podían triunfar», confiesa sincero.
El humor está ligado «inevitablemente» a Gumucio. Dice que es su «defecto congénito». En Chile es bien conocido por sus apariciones en programas humorísticos de radio y televisión. Es fundador de la revista satírica 'The Clinic', y hasta dirige un instituto de estudios humorísticos en la Universidad Diego Portales de Santiago, una labor que le está resultando una «auténtica tortura china», pues «dar clases de humor es mucho más difícil de lo que en un principio podría parecer».
Está considerado una de las principales voces narrativas de América Latina. Su última novela, 'La deuda', se publica ahora en España por Mondadori. En ella relata cómo la vida de triunfador del cineasta protagonista se desmorona cuando descubre que su contable lo ha estafado durante años.
-En su novela habla del fin de un mundo feliz. ¿Tiene algo que ver con lo que está pasando ahora?
-Esta historia tiene mucho que ver con la actual crisis económica. Sin quererlo, porque la escribí antes de que estallara todo este caos. Pero sí que habla de sus orígenes, de cómo todos nos endeudamos hasta el infinito. De cómo las deudas, por incalculables, se convirtieron en irreales. Vivíamos en un mundo que en realidad no existía.
-El protagonista, tras descubrir que su hombre de confianza le ha estafado durante años, abre los ojos ante los desequilibrios sociales de su entorno. ¿Ha pasado algo parecido en el contexto internacional?
-No sé si muchos habrán tomado conciencia. Pero algunos ya han dado con sus huesos en la cárcel, donde hay mucho tiempo para pensar. Hablo de casos como el del estafador de Wall Street Bernie Madoff. Estos tipos finalmente se han dado cuenta de que las deudas siempre se pagan, algo que habían llegado a olvidar, metidos como estaban en la vorágine de su mundo feliz, irreal. Los millones de personas a los que estafaban tenían ojos y boca, no eran ninguna ilusión. Es decir, que el sufrimiento de toda esa gente era real.
Maneras de consolarse
-¿Por qué hablar de dinero en una novela?
-Es un tema muy común en la vida real, del que todos hablamos, y nada habitual en la literatura. Por eso mismo me interesaba abordarlo. El dinero es nuestro lazo con el mundo, el puente entre nuestros deseos y la realidad que nos rodea.
-El protagonista ha sido objeto de una estafa, pero en su papel de víctima se siente culpable. ¿Por qué?
-Sentirse culpable es una manera de consolarse. Si no te sientes violado, es que no eres nadie. Todos queremos ser protagonistas de nuestra propia vida. La cuestión es que él no era completamente inocente, pues no había sido capaz de ponerse en la piel de los demás, no podía entender verdaderamente el sufrimiento del otro.
-Tras ser estafado, contrae una deuda que va más allá de la simple cuestión financiera.
-Sí, porque es una deuda del protagonista con todo su entorno, con su mujer, su historia, su país. Todas las deudas suelen ir encadenadas.
-¿Tiene Chile alguna deuda con su pasado?
-Con respecto a la dictadura hay bastantes deudas saldadas, aunque no todas. El juez Garzón ha sido nuestro particular 'cobrador del frac'. Pero sí hay todavía una gran deuda no pagada en Chile: las grandes diferencias sociales que siguen existiendo.
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