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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Cultura

CULTURA

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La verdad es que sonó bien el mensaje de la consejera en su primera comparecencia ante la Comisión de Cultura, a excepción de insistir en el error de equivocar el régimen societario del museo más importante de Euskadi. Alguien del Gobierno tendría que explicar a los consejeros/as que la sociedad Tenedora está para unas cosas y la Fundación para otras. Si dejamos a un lado este borrón, cabe aplaudir lo escuchado ayer en el Parlamento, porque es urgente asentar la idea de una cultura abierta y plural, comprometida con lo más próximo y siempre dispuesta a su adaptación a las nuevas realidades sociales. Una cultura, como ha dicho la consejera, con la que se puedan identificar todas las sensibilidades, de paz y para la paz, capaz de proyectar las tradiciones o también de asumir los nuevos valores.
Acierta igualmente cuando apuesta por el bilingüismo desde el convencimiento de que el mejor instrumento para la promoción del euskera es la persuasión y no la imposición. Otro tanto se puede decir de su intención de ordenar, racionalizar y jerarquizar a través del diálogo las infraestructuras culturales, ya que el solapamiento y la duplicidad de instituciones o el diferente color político de las mismas pueden restar eficacia a la política cultural. Obviamente, no se puede pedir más en el periodo de gracia de cualquier político, si bien todos sabemos que a la vuelta del verano habrá que concretar con leyes y presupuesto lo dicho.
Será en un contexto de crisis y de más tensión política y social, en el que la verdad de la coordinación cultural, la compleja realidad del euskera, la dificultad en el consenso sobre las nuevas y viejas infraestructuras culturales o la imperiosa reforma de leyes, de filosofía presupuestaria y de un auténtico servicio público de radio y televisión pongan a prueba no sólo a la nueva consejera, sino a todo el Gobierno.
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