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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

Vizcaya

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El concurso para la reurbanización de Garellano llega a su fin. Tras un largo proceso en el que ha habido polémicas con los arquitectos locales y problemas con los bancos, hay un ganador. Su nombre -por favor, redobles- es Richard Rogers, autor entre otras joyas del urbanismo contemporáneo de la Terminal 4 de Barajas o del Pompidou de París, ese museo en el que alguien no se dio cuenta de que las tuberías, las escaleras y los conductos de ventilación habían quedado por fuera de la fachada.
Ría 2000 va a confiarle la resurrección de Garellano al hechicero Rogers, sin duda el arquitecto más molón y carismático de los que habían llegado a la final del concurso. Además de premio Pritzker, Rogers es barón de Riverside y ocupa un asiento en la Cámara de los Lores. Pero no piensen en él como en un aristócrata estirado. Es más bien lo contrario: uno enrollado. Nuestro hombre vota laborista y mantiene una actitud desenfadada y medio hippy. Lo demuestran sus camisas chillonas de cuello Mao, sus zapatillas juveniles y el hecho de que, para desplazarse por Londres, use una bicicleta en lugar de un 'rickshaw' tirado por becarios o una limusina bañada en oro.
La contratación de Rogers causará entre nosotros las polémicas habituales y también las tradicionales oleadas de fascinación. En cualquier caso, su elección era previsible. Bilbao desea ser una capital de vanguardia arquitectónica y le faltaba un Rogers en la colección. Teníamos a Foster, a Gehry, a Moneo y a Hadid. Ahora Lord Riverside completa nuestro repóquer de estrellas mundiales. ¿Han visto el edificio Lloyds de Londres, esa especie de cremallera puesta en pie? Pues también es suyo, no se crean.
Estudiando el proyecto de Rogers con detenimiento, concluyo que el inglés planea poner en Garellano algunos edificios altos y una gran zona verde. Sí, lo sé, no es un análisis urbanístico de primera, pero no se puede hacer más con mi visión espacial. Pese a todo, hay algo que sí se ve con claridad: la firma de Rogers le permitirá a la ciudad aumentar sus reservas de carisma arquitectónico, ese material tan valioso formado por aleaciones intangibles de vidrio, humo, talento y vanidad.
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