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Economía

21.06.09 -

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En 1997 Guascor consiguió su primer 'contrato estrella', al acceder a una concesión del Gobierno brasileño para electrificar una zona del Amazonas. Se trata de pequeños asentamientos de población, completamente aislados la mayor parte de ellos, a los que sólo se puede acceder por el río.
Llevar la electricidad hasta esas poblaciones era un reto para las autoridades brasileñas. Las grandes distancias entre unos sitios y otros -el área sobre la que se iba a actuar mide 1.500 kilómetros entre sus dos extremos- y la escasa densidad de población, además de las dificultades de la orografía, hacían imposible pensar en una red de transporte eléctrico con sistemas convencionales.
La propuesta de Guascor fue instalar pequeños generadores, impulsados por motores diésel y redes de transporte locales.
«La electricidad ha revolucionado el Amazonas», apunta el presidente de Guascor, compañía que tiene en estos momentos varias decenas de minicentrales repartidas a lo largo del río, con capacidad para generar 172 megawatios de electricidad a la hora. Algo menos de la mitad de lo que produce la central nuclear de Garoña.
«La actividad principal de las poblaciones de esa zona es la pesca -señala Grajales- y el sistema de comercio es prácticamente idéntico en todas ellas. Periódicamente, cada cierto número de días, un barco recorre el río y va parando junto a las localidades. Allí recoge el pescado. Antes de tener electricidad, los habitantes de esa zona estaban en manos de los propietarios de ese barco. Sabían que si no aceptaban el precio que les imponían para comprarles el pescado, tendrían que tirarlo. El siguiente barco tardaría cinco o seis días en llegar y para entonces el pescado ya estaría inservible. Ahora es distinto. Tienen electricidad, ya pueden fabricar hielo o tener pequeñas instalaciones de conservación y, además, han ganado la capacidad para negociar el precio. Algo aparentemente tan sencillo ha elevado el orgullo de la gente del Amazonas».
Tras diez años de explotación, Guascor se plantea ahora una 'segunda vuelta': transformar esas minicentrales diésel para que consuman etanol, fabricado a partir de plantaciones que se ubiquen en el mismo área.
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