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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Economía

18.06.09 -

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Al abrir la caja, sólo ha encontrado telarañas. Me imagino que al consejero de Economía le habrá disgustado la visión, pero seguro que no le habrá sorprendido. El Gobierno anterior ingresó menos de lo que quería y gastó más de lo que debía; por eso, las cuentas públicas vascas caminan hacia el negro agujero del déficit. Hay dos maneras de encarar este problema. Una es la de Zapatero, que un día promete a Cataluña más dinero que a la media para asegurar al siguiente a Andalucía que recibirá aún más que Cataluña. Ambas comunidades han salido satisfechas de su encuentro con el presidente, pero ambas han cometido un error de bulto. A Zapatero siempre hay que ir a verle el último. Como contesta que sí a todas las preguntas -ya se le conoce como el 'Doctor Sí'- y como accede a todas las demandas, lo mejor es ir al final y pedir más que los anteriores, a sabiendas de que será concedido. ¿Quién paga este insólito alarde de generosidad? Pues quién va a ser, el indolente presupuesto público. Una desamparada ascua que todas las capas de población, todos los sectores económicos y todas las comunidades arriman a su egoísta sardina.
El otro sistema es el que piensa adoptar el Gobierno vasco. Consiste en apretarse el cinturón y reducir el gasto para evitar el déficit. Da pocos amigos, pero puede generar algunos admiradores. Como idea es mucho mejor, siempre y cuando no se exagere. Las necesidades sociales han crecido hasta ser urgentes y los ingresos económicos han menguado hasta convertirse en preocupantes; pero aquí hemos utilizado poco el arma del endeudamiento y podemos recurrir a él, sin estropear ningún equilibrio básico, siempre que se haga con mesura. Acudir al déficit es un comportamiento egoísta que traslada al futuro el coste de la solución de los problemas del presente. Por eso hay que ser prudente, evitando las actitudes fanáticas y las desaprensivas. Si no conseguimos enderezar el déficit en los próximos años, tendremos que pedirles perdón a nuestros hijos.
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