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Economía

09.06.09 -

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La historia de Guascor forma parte de los procesos de reconversión industrial que figuran en los manuales de las escuelas de negocios. La firma fue creada en 1966 en Zumaia para fabricar motores con destino a aplicaciones marinas. Pero la crisis de principios de los 90 la dejó herida de muerte y, a pesar de los intentos del Gobierno vasco por rescatarla -le concedió un aval de algo más de 4 millones de euros, dentro del programa '3R'-, llegó a estar en situación de quiebra.
En 1996, los empresarios Joseba Grajales y Juan Luis Arregui decidieron hacerse cargo de aquella compañía moribunda y convertirla en su plataforma de aterrizaje para una nueva aventura empresarial. Habían vendido su participación en Gamesa y la convivencia con los nuevos dueños, la Corporación IBV, se había vuelto complicada.
Los propietarios de Guascor -de aquel tándem hoy sólo permanece Grajales en el accionariado- decidieron utilizar el producto histórico, los motores marinos, pero no para propulsar barcos sino para mover alternadores y generar electricidad. El combustible habitual -ahí residía la clave del nuevo negocio- era un producto extraído del reciclaje de aceites industriales y no el gasóleo. De forma paralela, desarrollaron una tecnología para utilizar los residuos de explotaciones ganaderas -purines- en sistemas de cogeneración eléctrica y, en 2005, Guascor dio el salto a la producción de equipos solares.
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