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03.06.09 -

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«No me dejan ser el padrino de mis sobrinos porque soy gay». Habla un vecino de Tudela (Navarra). Se llama José Manuel Salvador Algota. Denuncia que un sacerdote de Cervera del Río Alhama, su pueblo natal, «se niega» a administrar el sacramento a los niños «por mi condición sexual». Afirma que «sería vergonzoso tener que salir del pueblo para bautizarlos». No fue posible ayer contactar con el sacerdote aludido.
La historia se remonta a 2007. La familia se plantea bautizar a Jennifer, sobrina de José Manuel e hija de una de sus hermanas. Él sería el padrino. El cura, según el denunciante planteó varios problemas. Recurría al Derecho Canónico. La madre no estaba casada ni confirmada. El padrino, casado por lo civil dada su condición sexual, tampoco había contraído matrimonio por la Iglesia.
La negativa
José Manuel afirma que el sacerdote llegó a decir ante su madre que «no voy a bautizar a tus nietos porque tu hijo es maricón». En aquella época, el traslado del párroco parecía inminente. La familia decidió esperar. Hace apenas unas semanas, volvieron a intentarlo. En esta ocasión, pretendían bautizar a Jennifer y a su hermano pequeño, Steven. Los problemas volvieron a surgir. El nuevo sacerdote local alude, una vez más, al Derecho Canónico.
A juicio de José Manuel, la principal dificultad es que «soy gay». Dice que el sacerdote apuntó en una conversación telefónica que «el matrimonio homosexual no está contemplado en la Iglesia» y le recomendó «buscar otros padrinos». Ahora, este cerverano se plantea renunciar a la fe católica.
Cabe destacar que el Derecho Canónico precisa que los padrinos deben ser los padres espirituales del recién bautizado. Plantea una serie de requisitos para llevar a cabo esta función. Uno de ellos explicita la necesidad de ser católico, estar confirmado y haber recibido el sacramento de la Eucaristía. También, «llevar una vida congruente con la fe y con la misión que se va a cumplir».
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