El idílico entorno de la playa de Arrigunaga tiene gancho para los adolescentes. Pero no por su bello paisaje. Esta zona residencial brinda los sábados por la tarde una imagen «dantesca», según se queja el vecindario. Numerosas cuadrillas de jóvenes de entre 12 y 15 años la han convertido en un concurrido punto de reunión para beber alcohol y el botellón ha llegado a alcanzar dimensiones insospechadas. «Se van avisando por 'sms' y así logran atraer a más cuadrillas de su entorno». Los vecinos calculan que se han llegado a reunir hasta 500 en una sola tarde. «El otro día bajaba hacia la playa y pensaba que había algún campeonato de 'skate' en la 'Uve', pero eran todo cuadrillas emborrachándose», describe Izaskun, una joven vecina de la zona.
La afluencia varía en función de la climatología o el calendario festivo de la comarca. La 'temporada' comienza hacia finales de febrero, y no cesa hasta junio, cuando la playa empieza a estar concurrida.
La juerga arranca, generalmente, sobre las cinco de la tarde. Getxotarras y adolescentes de otras localidades «bajan por la calle Altube hacia la playa en hordas, cargados de bolsas llenas de botellas, como si fuera una manifestación. Hay que verlo para creerlo», describen atónitos los residentes. Algunos menores incluso transportan 'los litros' más fácilmente con el «carrito del supermercado, que después dejan tirado».
Y no es el único sobrante que olvidan recoger. Se adentran por las callejuelas de las urbanizaciones «para hacer el amor, sin cortarse si pasa alguien. Y luego dejan todos los residuos del acto». Los vecinos coinciden en que no se trata de jóvenes marginales, sino de «'niños bien', sin malas pintas».
La playa suele despejarse en torno a las once de la noche, ya que, por su corta edad, la mayoría tiene establecida una hora de llegada a casa.
Entonces, ya puede contemplarse la huella de la gran borrachera colectiva: el reguero de destrozos y la suciedad. «Dejan la playa hecha un asco y completamente llena de litronas». Aunque no sólo eso. «Aparecen todas las calles abarrotadas de orines y vómitos, y los arbustos hechos polvo. Son unos vándalos», denuncian.
Consecuencia de las borracheras, las peleas, las caídas, los gritos y las intoxicaciones etílicas son el pan de cada sábado en los barrios adyacentes. Sus habitantes están hastiados y exigen poner punto cuanto antes a esta situación.
Gorka Ojinaga, director de Emergencias de la DYA de Vizcaya, explicó que cada fin de semana contabilizan entre 3 y 5 atenciones en el municipio relacionadas con el consumo de alcohol. «La mayoría suelen ser jóvenes menores de 15 años, aunque no siempre los problemas justifican el traslado a Cruces. A algunos los tratamos nosotros mismos», puntualiza.
Sin embargo, el 10% de intoxicaciones suele ser muy grave. Ojinaga recuerda el caso reciente de una niña de 12 años, «con unos niveles de alcohol en sangre brutales, que perdió el conocimiento, presentaba hipotermia y corría el riesgo de ahogo por aspiración de vómitos». Cuando la encontraron, su vida estaba en una situación de «serio peligro». El pasado 9 de mayo, acudieron 4 ambulancias a la zona, dos de la DYA y dos medicalizadas. La Policía apareció también para atender las quejas de unos vecinos y controlar si se vendía alcohol a menores en un pequeño supermercado cercano. Los residentes han venido pidiendo más vigilancia porque consideran que la zona está «desatendida».
Durante los últimos fines de semana, el Ayuntamiento ha desplegado un dispositivo policial para decomisar a los menores las bebidas. También controla si las tiendas les venden alcohol y vigila las urbanizaciones que frecuentan, lo que ha aminorado un tanto el problema.
De su magnitud da cuenta también el propietario de un bar cercano a la playa. Denuncia que una vez intentó agredirle «un crío de 14 años porque no quería venderle tabaco». Los chavales forman colas en el sanitario sin dejar entrar a los clientes, no consumen y arman jaleo. Lo peor de todo es que su clientela habitual, parejas o familias, acaba espantada con tanto niño desbocado. «No se puede decir que sean muy conflictivos, pero suelen ir muy 'cocidos'. A nadie le gusta ver eso y me están fastidiando el negocio. Los padres lo saben y algunos les vigilan desde aquí».
Medidas en Berango
El problema no es nuevo en la comarca. Los residentes de la vecina Berango incluso amenazaron con movilizarse para que se pusiera remedio a los macrobotellones. En mayo de 2007 entró en vigor una ordenanza que multaba a quien bebiera en la vía pública. Pero en Getxo ninguna norma municipal prohíbe consumir alcohol en la calle. «Si la Policía Local encuentra a un menor bebiendo, se le incauta, y después se telefonea a sus padres, que suelen acudir a recogerles», explica un portavoz del Consistorio. En 2008 hubo 34 actuaciones de este tipo, y 15 a lo largo de este año.