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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Cultura

GERMÁN SÁNCHEZ RUIPÉREZ PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN GSR

El fundador de Anaya reclama un cambio educativo que prime la lectura y una reflexión colectiva sobre el valor social y económico de la cultura
31.05.09 -

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«Si se suprimen carreras de Humanidades, será una catástrofe»
Sánchez Ruipérez posa junto a un busto con su figura, erigido en la ciudad de Salamanca. / DAVID ARRANZ
Germán Sánchez Ruipérez creó la mayor editorial de libros de texto en español (Anaya) y preside la fundación que lleva su nombre y que ha puesto en marcha los programas más ambiciosos de promoción de la lectura. Desde la atalaya de su enorme experiencia, contrastada en su participación en organismos nacionales e internacionales relacionados con la cultura, alerta en esta entrevista sobre los riesgos de un sistema educativo que ha relegado la lectura a una posición marginal y vaticina que, si se suprimen carreras de Humanidades, «será una catástrofe».
-Los resultados de los informes Pisa son demoledores y los conocimientos 'clásicos' de los jóvenes, escasos. ¿Cuál es su diagnóstico de la situación cultural española?
-En España, en términos lectores y en los últimos treinta años, se ha producido un avance importantísimo. Más allá de visiones apocalíticas o interesadamente negativas, nunca en este país se ha leído en los porcentajes que actualmente se hace, lo que no quiere decir en absoluto que los índices alcanzados deban satisfacernos ni que no seamos conscientes de algunos graves problemas que nuestras aptitudes lectoras presentan.
-¿Cuáles son los más graves?
-Las deficiencias que buena parte del alumnado español manifiesta en la comprensión de textos debiera encender todas las alarmas porque eso constituye un obstáculo capital en cualquier proceso de aprendizaje. No podemos seguir tratando a la lectura como hasta ahora lo hemos hecho. Requerimos de un verdadero plan de choque que nos garantice resultados eficaces y en plazo razonable.
-¿Tiene alguna influencia en esa baja capacidad de comprensión una TV de muy baja calidad y la simplificación de todo tipo de mensajes?
-Es evidente que la tendencia a la simplificación máxima de la comunicación no ayuda a los procesos, siempre complejos, de la comprensión. La lectura no es un hecho natural sino una construcción cultural y nuestra mente tiene que 'reprogramarse'. Ello exige esfuerzo, método y perseverancia. Leer debiera constituir uno de los campos principales de cualquier proyecto de educación que se precie.
-¿Y no lo es?
-No, no lo es en absoluto. De ahí los resultados. O cambiamos radicalmente esta posición marginal que la lectura ocupa, o jamás obtendremos aquello que requerimos de manera imprescindible.
-Las campañas de fomento de la lectura entre adultos tampoco parecen conseguir resultados positivos. ¿Hay forma de cambiar esa tendencia?
-Sí, si la escuela hace de la lectura una de sus premisas fundamentales. No puede ser que los niños manifiesten un interés por la lectura óptimo en los primeros niveles escolares y eso se vaya destruyendo curso tras curso. El propio sistema impide que a la lectura se dedique el tiempo y el espacio que necesita. A la labor de la escuela debe unirse también la de las propias familias y hemos de seguir apostando por la consolidación de una tupida red de bibliotecas públicas.
Cambio cultural
-Algunas universidades amenazan con suprimir carreras de Humanidades. ¿Qué opina?
-Si se suprimieran, creo que estaríamos ante una verdadera catástrofe. Porque no se puede crecer sobre un desarrollo científico o tecnológico que no tenga un sustento, una visión humanística de la realidad. Habría que intentar que los saberes volvieran a tener la vocación de universalidad de que gozaron en su origen.
-¿El escaso interés por las Humanidades está relacionado con la obsesión por el éxito económico?
-Sin duda: se ha creado un modelo falso, en el que el dinero y la fama se han convertido en la señal del éxito. Y nada hay más lejos de la realidad. El éxito verdadero nunca está fuera de uno mismo, sino en nuestro interior. Consiste en lograr el desarrollo pleno de las capacidades de cada cual; en procurar hacer lo máximo que está en nuestras manos para mejorar en algo el mundo que hemos recibido.
-¿La crisis actual puede servir para que cambien los valores y se promocione de nuevo el conocimiento?
-La convulsión que estamos viviendo tendrá efectos extraordinariamente sanadores y positivos. Ojalá nos permita olvidarnos para siempre del fácil enriquecimiento, fraudulento e indecente, y confiar en un desarrollo equilibrado y sostenible, en un mundo menos agresivo y más conciliador.
-¿Es usted partidario de aplicar ayudas de Estado generalizadas al ámbito de la cultura y la comunicación?
-Creo que, en tiempos muy próximos, vamos a asistir a grandes cambios, que supondrán la desaparición de algunos agentes y el nacimiento de otros. El ecosistema habrá de reordenarse y prefiero que lo haga por sí mismo, que los procesos no vengan ni forzados ni excesivamente tutelados por el poder político. Las ayudas deberían centrarse en la modernización sectorial.
-¿Por qué se considera lógico ayudar a la Banca o la industria y surgen recelos cuando se habla del sector de la cultura?
-Porque se piensa en la cultura como un capricho o como un exceso. Porque se ignora que, en Occidente, la cultura es y será uno de los grandes resortes del desarrollo económico. El día que seamos conscientes de la potencialidad de nuestros recursos culturales como palancas del desarrollo económico, todo cambiará. España tendría en ello una posición privilegiada.
-Hay quien dice que hay subsectores, como el editorial, que pueden obtener beneficio de la crisis.
-El libro siempre ha sido un producto cultural manifiestamente estable. Ello, a su vez, viene a demostrar la rotunda falsedad de una de las acusaciones que tantas veces se ha propagado: afirmar que los libros son caros. Con respecto al futuro, mi visión es claramente optimista. El sector editorial español es la principal industria cultural de nuestro país. Sus ventas sobrepasan los 5.000 millones de euros, lo que supone un 1% del PIB. Emplea a más de 100.000 trabajadores. Su cifra de exportación es creciente, a lo que no es ajena la expansión mundial de nuestro idioma común.
-¿Y el problema de los derechos de autor? ¿Cómo retribuir a los autores y difundir sus obras a través de las nuevas tecnologías?
-La riqueza de la oferta cultural de nuestro mundo depende directamente de la posibilidad de que existan más y mejores creadores. Cuanto se haga por respetar y apreciar su labor redundará en beneficio de todos. Me parece muy justo que un creador reciba un justiprecio por su aportación: por el sistema tradicional o por el que se establezca en ese nuevo tráfico virtual y que habrá que saber regular.
Aunar recursos
-¿Por qué España no termina de contar con una moderna legislación sobre mecenazgo?
-En el aspecto legislativo, algo hemos avanzado. Pero aún falta muchísimo. ¿Cómo es posible, por poner sólo un ejemplo, que las Fundaciones nos veamos penalizadas con el abono del IVA en todas aquellas acciones que desarrollamos gratuitamente para el público? Me apena mucho que las Administraciones, en su gran mayoría, manifiesten ese rancio e inexplicable recelo hacia la labor de mecenazgo.
-Cuando el dinero público escasea, ¿se hace más urgente una reforma?
-Sin duda alguna. Porque, ahora más que nunca, es necesario sumar los recursos públicos y los privados. Ello exige, por parte de la Administración, la creación del marco adecuado para animar realmente la participación libre de la iniciativa privada. Necesitamos de un mecenazgo fuerte, desde el que pueda proyectarse la propia sociedad civil, y con el que construir caminos nuevos y alternativos.
-¿Qué opina de los alardes de desconocimiento de algunos famosos, del estilo de que no han leído nunca un libro?
-Me producen una profunda tristeza. Y me previenen en contra de lo que tales posiciones exhiben. Porque, además de parecerme una estupidez, me lleva a pensar lo peligroso que para una sociedad es que sus dirigentes tengan tamaña inconsistencia y vaciedad.
-¿Qué le parece que en España no haya en política prácticamente ningún intelectual de relieve?
-Creo que, en los últimos años, y salvo honrosas excepciones, a la política no están llegando las personas de mejor capacidad intelectual, lo que me parece ciertamente negativo porque un país necesita en su clase dirigente a los mejores. Por el contrario, muchas veces me da la impresión de que somos víctimas de la dictadura del aparato de los partidos o de los ejercicios más funambulescos de improvisación.
-¿Hay un verdadero aprecio social por la cultura en España?
-Si por aprecio entendemos el número de personas que participan en actividades culturales, su variedad y calidad, la capacitación de sus gestores, las infraestructuras..., es indudable que se ha producido un cambio extraordinario. Pero todavía nos falta un ejercicio de reflexión colectiva sobre lo que significa la cultura en las vidas de los ciudadanos. Y ahí la responsabilidad de nuestros políticos es capital. Me entristece comprobar cómo, con frecuencia, se contradicen: en sus discursos defienden ardorosamente el valor de la cultura, pero, a la hora de la verdad, cuando hay que hacer recortes presupuestarios, es quien primero los sufre, cuando no directamente desaparecen consejerías o ministerios. ¡Qué contrasentido! ¡Y qué grave error!
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