'Nacimos en el XIX, crecimos en el XX y nos apasiona el XXI'. Declaración de intenciones y filosofía de futuro afincada en el pasado que proyecta Bodegas La Rioja Alta en el subtítulo de su última publicación, 'Tres siglos de La Rioja Alta', presentada ayer en sociedad por el presidente del grupo empresarial, Guillermo Aranzábal. Cerca de trescientas páginas en las que el personal de la firma de La Estación hace proselitismo del modelo de trabajo seguido en Haro y el resto de las filiales afincadas en las denominaciones de origen Ribera del Duero y Albariño. Todo cimentado en la cultura «romana», aseguró su enólogo, que parte del «mimo» a la uva en la viña y a lo largo de todo el proceso de elaboración del vino.
El «factor humano», destacó el máximo representante de la bodega riojalteña, sigue siendo clave, a pesar del inexorable paso del tiempo. Y eso explica que «cocineras, trasegadores, apiladores, peones, encargados del campo, enólogos, administrativos, comerciales, técnicos de laboratorio, guardas y relaciones públicas» engullan a Aranzábal en la doble foto que abre, a todo color, un libro que resume su «pasado, presente y futuro», antes de hacer un somero repaso a la 'Historia de la vid y el vino', a los factores de calidad, a los cuidados de la viña, a los procesos de maduración y vendimia, a las técnicas enológicas, a la incidencia del roble y la crianza en barrica, al envejecimiento en botella y al 'Universo del vino', antes de ofrecer al lector un compendio de la terminología bodeguera, repudiando la tentación de otorgar al documento condiciones «académicas» y optando por el uso de un lenguaje «sencillo, didáctico y ameno» que resulta de la recopilación de la documentación del archivo de la bodega y la localización de sus fuentes, de la ampliación de contenidos con los artículos publicados en las dos últimas décadas y la recuperación de algunos de los escritos que Manuel Ruiz Hernández incluyó en la publicación que sirve de base a este trabajo, 'Cien años de La Rioja Alta'.
Suma a todo ello el trabajo de ilustración fotográfico asumido por Jesús Rocandio y desarrollado a lo largo de dos años, restaurando documentos gráficos realizados en placas de cristal de 18x24, y revalorizándolo con imágenes tomadas con máquinas digitales que se ajustan, dijo el fotógrafo, al criterio de «mimo» que la bodega plica a todo lo que hace.
Desde el principio al final de los siglos.