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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Vizcaya

26.05.09 -

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A l final, las casas del entorno del aeropuerto serán insonorizadas por cuenta del Estado. Se rumoreaba y ya es definitivo: habrá dobles ventanas y pagará Aena. De este modo se cumple una vieja aspiración de propietarios y ecologistas. Suponemos que los vecinos estarán satisfechos con la noticia. Eso en el caso de que la hayan oído, claro, porque a veces esa gente, con el ruido de los aviones, no logra enterarse de gran cosa cuando enciende la radio o la televisión. Es en estos casos cuando se demuestra la superioridad de los medios escritos sobre los audiovisuales: el periódico siempre sale a todo volumen.
La Declaración de Impacto Ambiental que ayer se publicó en el BOE viene a dar la razón a quienes llevan años denunciando que en algunas zonas del Txorierri el ambiente sonoro estaba más que cargado. Además de a los grillos y a los pájaros, en la zona se escuchaba a los Boeing y a los Airbus, que son unos bichos voladores que tienden a armar mucho escándalo. Había casas que cada miércoles a la hora del café se ponían a temblar: «El Bilbao-Frankfurt de las tres lleva hoy algo de retraso, querida».
Aena establece ahora que los pisos que soporten más de 60 decibelios diurnos y 50 nocturnos deberán ser insonorizados. No es la primera vez que la entidad pública tiene que intervenir para reducir el impacto sonoro que causan sus aeropuertos. Lo ha hecho antes en Málaga y Madrid. Poco a poco, parece que la Administración va asumiendo que la contaminación acústica es algo que va más allá del capricho de unos vecinos ultrasensibles. Paradójicamente, ha llegado un momento en el que reivindicar un poco de silencio es ponerse del lado de la civilización. Se trata de una cuestión de cultura, de progreso, de «higiene mental». La expresión, de Juan Ramón Jiménez, la rescataba Elvira Lindo hace poco en una de sus columnas.
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