En noviembre de 2007, los ex dirigentes de ETA José Luis Alvarez Santacristina 'Txelis', y Kepa Pikabea, suscribieron una carta en la que afirmaban que la lucha armada se había convertido en un obstáculo para «lograr niveles más altos de autogobierno» y para realizar una política «eficaz» con la que conseguir la autodeterminación.
Como si quisiera contestarles con un año de retraso, en noviembre de 2008 Arnaldo Otegi rompió el periodo de silencio que se impuso tras salir de la cárcel para proclamar que «la izquierda abertzale debe construir una estrategia eficaz para alcanzar un escenario democrático» (Gara 30-11-09). En aquellas manifestaciones Otegi proponía «vertebrar una alternativa al PNV» desde la izquierda. El primer paso para poner en práctica esas ideas se dio el 16 de marzo, cuando Otegi y varios dirigentes de todos los sectores de la izquierda abertzale anunciaron la apertura de un proceso de contactos con otros grupos para constituir un bloque independentista.
Las declaraciones de dos representantes de ETA difundidas ayer muestran la perfecta identificación de la organización terrorista con las propuestas de Otegi de organizar un bloque independentista para desplazar al PNV. Incluso utilizan el concepto de estrategia «político armada» eficaz.
ETA y su entorno político siguen actuando de manera coordinada y la voluntad de abandonar las armas brilla por su ausencia. Todo lo contrario: según el análisis de la banda, si algo se ha conseguido en el pasado ha sido gracias a la violencia y la negociación futura será resultado de la eficacia de las armas.
El análisis que hace ETA de la situación debería ser desmoralizador para sus seguidores: el PSOE y el PP han pasado a «gestionar directamente» el «centro de poder de Lakua»; el PNV se ha plegado a los intereses de España y Francia; Nafarroa Bai acepta el marco legal navarro; la izquierda abertzale se ha quedado sola; las fuerzas soberanistas se muestran «dóciles y dispersadas» y, para colmo, ETA no ha sido capaz de hacerle daño a su enemigo.
El balance de la última década de un nacionalismo apuntado en bloque a la bandera soberanista no puede presentar más números rojos para los adeptos a la causa etarra que, después de pasarse tres décadas tratando de ningunear y deslegitimar las instituciones autonómicas vascas, acaban de descubrir que éstas tenían una «gran potencialidad soberanista» y un «impresionante presupuesto» que ahora ha quedado «en manos del enemigo».
Todo el espacio nacionalista está en ebullición y busca recolocarse después de una serie de acontecimientos -ilegalización de Batasuna, salida del PNV del Gobierno, descalabro electoral de EA, aparición emergente de Aralar, acorralamiento de ETA- que han desestabilizado la estructura de equilibrios e influencias de las últimas dos décadas. Y ETA y Batasuna, que son una parte importante de ese espacio, han explicado cuál es su solución: que todos los que apoyaron el Estatuto reconozcan su error y se pasen a sus filas de manera incondicional, sin tener siquiera derecho a exigirles el abandono de las armas.
La declaración etarra de ayer anunciaba que antes de este verano acabarán el último proceso de debate interno, proceso que abrieron en 2007 y que de acuerdo con sus propias previsiones tenía que haber terminado en junio de 2008. Probablemente, la captura de los jefes del «aparato político» ocurrida en Burdeos el 20 de mayo del pasado año, dejó inclusa la votación de los acuerdos y las caídas posteriores de otros dirigentes fue aplazando el cierre de aquel proceso de debate epistolar.
De todas formas, no hay que hacerse ilusiones sobre ese anuncio porque se conocen los papeles que iban a ser sometidos a debate y en ellos estaba clara la decisión de continuar con el terrorismo, a pesar de reconocer las dificultades operativas de la banda. No en vano, los dos encapuchados de ayer hablaban de estrategia «político armada». O sea, lo de siempre.