El término oriental 'hikikomori', -aislamiento en castellano- se ha extendido en los medios para reflejar uno de los problemas de nuestro tiempo: personas que deciden aislarse socialmente como reacción al exterior. Suelen ser adolescentes tardíos, adultos aquejados de una galopante inmadurez, incapaces de afrontar los roles sociales que se les plantean y que deciden como defensa personal encerrarse durante meses, incluso años, solos en su habitación. Rehusan abandonar la casa de sus padres, duermen de día y ven la televisión de noche. Su contacto con el mundo es únicamente a través de Internet.
Este drama, extendido en Japón, se ceba con los varones. Por estos pagos tenemos una versión cañí sobre papel, el sin par Silvio José Pereda, personaje creado por Paco Alcázar para las páginas de la revista 'El Jueves'. «Silvio José es un parado egomaníaco de 45 años que vive con su padre en un mundo tan surrealista y absurdo como en el que vivimos nosotros», dice el autor sobre su criatura, un individuo egoísta y desvergonzado que vive una realidad paralela, maqueada a su gusto. Vestir en pijama es algo habitual en su vivir cada día, comer salchichas Chisparritas y exprimir al máximo a su pobre padre, un anciano jubilado, siempre al borde de un ataque de nervios, que a duras penas esquiva las órdenes de su caprichoso y manipulador vástago.
«Quería crear un personaje para enseñárselo a la gente de 'El Jueves'», cuenta Alcázar, uno de los favoritos este año en los premios del Salón Internacional del Cómic de Barcelona gracias a la excelente acogida de su álbum 'El manual de mi mente'. «Si la idea prosperaba, estaba claro que yo debía ser capaz de dibujar cientos de páginas sobre él, así que decidí que un tipejo obsesionado con no trabajar estaba lo suficientemente cercano a mí como para que escribir tantos guiones no me resultara un esfuerzo sobrehumano». Algunas de estas páginas han sido recopiladas en el volumen 'Silvio José, Emperador' (RBA), disponible en las tiendas, la excusa perfecta para conocer con todas las consecuencias a este ser impresentable, a medio camino entre un 'hikikomori' e Ignatius J. Reilly, el protagonista de 'La conjura de los necios'. Un sujeto, a ratos despreciable, que refleja nuestras mayores bajezas y caricaturiza el lado más irracional del ser humano.
Videojuegos y Coca-Colas
Silvio José ama los videojuegos de la II Guerra Mundial, la Coca-Cola del tiempo, las películas de Steven Seagal, las Panteras Rosas, las mujeres de 1,92 metros con gorra, de brazos cortos y tobillos anchos, y, por supuesto, su habitación, donde se siente a salvo de las amenazas externas. El mundo exterior es una fuente continua de desventuras para este freak entrañable capaz de congelar nuestra sonrisa al final de cada historieta. En su planeta demente sólo funcionan misivas como «Obviamente mi vida es como el sabor de las Panteras Rosas: uno necesita décadas de consumo para asimilar sus matices».
Su limitado círculo de amistades enfatiza la excentricidad de este tipejo paranoico que se sitúa por encima del bien y el mal y se aferra tan campante a su existencia de parásito. Federico, su mejor amigo, es un enfermo mental que vive dominado por su Geyperman de la Suerte, con el que habla cual ventrílocuo enloquecido. Sebastián Cubero, otro que tal baila, es un profesor de autoescuela obsesionado con la poesía infantil que luce un aspecto parecido a Hitler. Cierra el lote su padre, desesperado, y su absorbente madre, una neurótica incurable adicta a cambiar de novio. Todo un festival del humor subterráneo.