La vista es uno de los sentidos más preciados; de ahí que los avances encaminados a su cuidado sean siempre aplaudidos con entusiasmo. Pero algunas iniciativas generan controversia. Como la de una óptica que ha instalado máquinas expendedoras de lentillas en la fachada de sus establecimientos de Barakaldo y Bilbao. Su objetivo es garantizar a los clientes que puedan comprar los productos que necesitan a cualquier hora del día o de la noche. Sin embargo, el Colegio de Ópticos y Optometristas del País Vasco ha calificado ese nuevo servicio como una «auténtica barbaridad» y ha presentado una demanda por la vía administrativa ante el Departamento vasco de Sanidad y ante el Ministerio de Sanidad y Consumo.
Los denunciantes advierten del riesgo de sufrir problemas oculares que encierra la venta «en plena calle y sin ningún control por parte de un profesional, como lo exigen las normativas que regulan el sector». Sólo en Euskadi usan lentillas unas 120.000 personas.
La primera expendedora de esos artículos se instaló en noviembre de 2008 en Barakaldo y la segunda, en marzo pasado, en el barrio bilbaíno de Santutxu. Ambas funcionan «perfectamente», según la empresa que las explota, y están surtidas de lentillas cosméticas (de colores), de otras lentes con distintas graduaciones, así como de líquidos limpiadores y lágrimas artificiales.
Encuestas a los clientes
Según Sonia Quintana, responsable comercial de la firma, esta fórmula de distribución, conocida como 'vending', se planteó a raíz de las encuestas de satisfacción realizadas a los clientes, que pedían que se agilizara la adquisición de los productos ópticos. «La gente tiene menos tiempo para todo -indica Quintana-. Muchos alegaban que el horario habitual de una óptica les dificultaba tener siempre a punto las lentillas o los líquidos de limpieza. Ahora, cuando les falta algo o no pueden acudir al establecimiento durante el día por razones de trabajo o porque se van de viaje, disponen de esta alternativa a su alcance».
Sin embargo, el Colegio de Ópticos de Euskadi ha vertido duras críticas contra la iniciativa. El vicepresidente, Ángel Herreros, acusa a la red de ópticas que ha apostado por el 'vending' de «buscar la rentabilidad comercial de forma descarada, obviando en todo momento el bienestar del usuario».
Herreros asegura que el uso incorrecto de las máquinas expendedoras puede acarrear daños «irreversibles» e incluso, en casos extremos, provocar «la ceguera». Y resalta que el 'vending' abre la posibilidad de adquirir artículos sin ningún control. «Todos los productos sanitarios de óptica, entre ellos lógicamente las lentillas, deben venderse siempre bajo la presencia y supervisión de un profesional, y siempre después de hacer los correspondientes estudios a la persona adquiriente», explica el especialista.
Una lentilla con otra graduación o con características inadecuadas para la córnea o para la permeabilidad de la lágrima podría generar desde ligeras molestias «hasta úlceras», según Ángel Herreros. «El problema es que con las lentillas los síntomas graves a veces se detectan a medio plazo, cuando puede ser tarde para corregir lo que se ha hecho mal», añade el óptico.
El colegio profesional del País Vasco insiste en que no se trata de una 'pataleta' ante una idea «innovadora». Argumenta que numerosas normas y preceptos legales le amparan en su rechazo de las expendedoras. En particular cita el Real Decreto 414/1996, que, paradójicamente, también es invocado por la compañía que ha recurrido al 'vending'. Para el colegio, el decreto recalca que la presencia del profesional debe ser «inexcusable y permanente». Sin embargo, según la empresa óptica, el artículo 18 permite «la venta a través de máquinas expendedoras, diseñadas al efecto, siempre que no resulte perjudicada la integridad y seguridad del producto».
Responsabilidad
«En 2005 realizamos un estudio legal antes de poner en marcha la iniciativa -explica la responsable comercial de la firma, Sonia Quin- tana-. La instalación de las máquinas no necesita permiso de Industria del Gobierno vasco, y el Departamento de Sanidad ha realizado las correspondientes inspecciones en las ópticas de Barakaldo y Santutxu, sin poner objeciones».
Fuentes del Ejecutivo autónomo, sin embargo, no pudieron concretar si el 'vending' cuenta con su autorización. Respecto al posible uso incorrecto de las máquinas, Quintana apela a la responsabilidad de los usuarios, pues los profesionales de la óptica que las han instalado ya les han hecho previamente los estudios de adaptabilidad y les han indicado cuál es el producto que debe usar.
Sin embargo, el colegio de ópticos entiende que la Administración debe asumir su parte de responsabilidad. «¿Cómo es posible que permita un canal de distribución de productos sanitarios sin vigilancia de un profesional -se pregunta Ángel Herreros-, cuando se sabe que esa acción es uno de los principales factores para sufrir efectos adversos en la salud ocular de los usuarios, incluyendo aún con más riesgo a todos los menores de edad?». La polémica está servida.