Asegura que, en su dilatada experiencia, nunca había conocido una idea más desacertada que las máquinas expendedoras de lentillas. Iñaki Elías insiste en que, desde su responsabilidad al frente de los ópticos de Euskadi, se considera obligado a avisar a los clientes de las consecuencias del 'vending'. «Está claro que la gente no va a usar este servicio adecuadamente y que los problemas surgirán», augura.
-¿Tan seguro está?
-Uno no se compra un zapato uno o dos números menor porque seguro que le hará daño en el pie. Una lentilla es una cosa muy seria, que debe ajustarse a las dioptrías, a la curvatura de la córnea, a su tamaño, al lagrimal. No es algo que puedas dejar en manos de la elección del cliente sin ningún control.
-¿Realmente hay tanto riesgo?
-El usuario no detecta siempre los problemas al instante. Igual siente molestias a las dos semanas, o más tarde, cuando ya se ha producido una lesión en el ojo. Y puede tratarse de una úlcera o de algo peor.
-Pero el cliente comprará sólo lo que le corresponde.
-Dígaselo al que se equivoca de producto sin darse cuenta, o al que se autodiagnostica y estima que necesita una lentilla más potente sólo porque su vista está momentáneamente cansada. Y qué puedo decir de los jóvenes, que suelen mantener una estrecha vinculación con la irresponsabilidad.
Comprar porque sí
-¿Constituyen estos últimos el sector potencialmente con más riesgo?
-Sin duda. El menor que quiere unas lentillas de colores no va a valorar los riesgos de comprarlas sin control. Probablemente, lo hará porque sí, porque también lo hacen sus amigos. Tenemos datos que lo demuestran. Ocho de cada diez menores que vienen a las ópticas en busca de lentillas cosméticas descartan la idea en cuanto les decimos que antes hay que estudiar sus características oculares para no dañar el ojo; y, sobre todo, que tienen que venir con sus padres o tutores. Y uno de cada diez no puede portar lentes de contacto. Ese 90%, sin embargo, puede adquirirlas en las máquinas sin permisos ni controles de nadie.
-La empresa dice que por ahora no ha habido ningún problema.
-Tenemos experiencias muy similares. Hace años las grandes superficies ya quisieron vender líquidos limpiadores para lentillas. Pero desistieron en cuanto proliferaron las quejas, porque no todos estos productos sirven para todos. Y luego están los estudios sobre los efectos de Internet.
-¿Se venden lentillas por Ia Red?
-En Estados Unidos sobre todo, y las consecuencias son alarmantes. Según la revista 'Optometry', de la Asociación Americana de Optometría, el 71% de los usuarios que recurren a la Red para comprar lentes de contacto dejan de acudir a los controles periódicos con un especialista. Y lo que resulta todavía más preocupante es que el 35% de los compradores 'on line' se habían autoprescrito las características de sus lentillas. ¿Por qué aquí tendría que ser diferente?
-¿Qué solución plantea usted?
-La Administración debe intervenir. Desconocemos si existe un vacío legal en Sanidad sobre este tema, pero es urgente tomar cartas en el asunto. Sería muy preocupante si las expendedoras se han autorizado sin ningún control por parte del Gobierno vasco. E imaginamos que, de ser todo legal, existirán mecanismos exhaustivos de seguimiento del sistema, de la conservación del producto, de los posibles daños oculares que se produzcan. De momento son sólo dos ópticas, ¿pero si se generaliza en los 360 establecimientos del País Vasco?