Los peores presagios se cumplieron. José Manuel Fernández Romero, de 37 años y vecino de Ortuella, fue encontrado ayer muerto en una sima del monte Anboto, donde llevaba desaparecido desde el pasado domingo. Un particular, que había pasado la noche en la cueva conocida como Dama del Anboto, tuvo una intuición y se dirigió a la zona de Frailea, en la cara norte del macizo. Allí, en el el fondo de una lengua de roca, junto a unos espolones, yacía sin vida el cuerpo del excursionista. La primera noticia de un posible hallazgo saltaba a las once y media de la mañana.
Hasta el lugar indicado se desplazaron en helicóptero algunos miembros del dispositivo de búsqueda, que ayer integraban 40 profesionales y 40 voluntarios, entre familiares y allegados, acompañados por perros de Berroci. El acceso a la arista resultaba complicado. Finalmente, el cuerpo fue extraído por la parte inferior de la sima e izado en una camilla de forma simultánea con un rescatador. La aeronave posó a la víctima alrededor de las dos menos diez de la tarde en una campa junto al puesto de mando del operativo, en Arrazola. Desde allí partía el camino que tomó José Manuel para ascender al monte.
Precisamente, dos hermanos que habían coincidido con él el domingo en la caminata comunicaron ayer a la Ertzaintza que le habían visto a 300 metros de la cima por la cara norte, alrededor de las tres de la tarde. Media hora después se desató la tormenta de granizo que sorprendió a José Manuel. Acostumbrado a la montaña, se vio sorprendido por la falta de visibilidad y llamó al 112 pidiendo ayuda sobre posibles «medidas de autoprotección».
Con el teléfono
El mal tiempo le hizo desistir de intentar la cumbre, una roca pelada a 1.331 metros de altitud, con cortes peligrosos en algunos tramos. Y empezó a descender. Los miembros del operativo, compuesto por ertzainas del grupo de montaña de la Brigada Móvil, miembros de la DYA y del grupo de socorro de la Federación Vasca de Montaña, creen que en el empinado camino de bajada debió de resbalar y se despeñó. El hombre cayó entre ocho y diez metros al interior de una cavidad, donde ayer fue hallado muerto. Junto a él, sobre su gorra, se encontraba también un animal muerto, una cabra.
Entre las ropas apareció su teléfono móvil. El aparato había indicado, a través de los repetidores de Amorebieta y de Mondragón, una misma posición desde el día en que se perdió su rastro. Las llamadas sin respuesta hacían temer lo peor, aunque su familia -estaba casado con Ana y tenía dos niños de tres y cinco años- se resistían a perder la esperanza. La confirmación de la trágica noticia cayó como un mazazo entre los allegados que ayer, por tercer día consecutivo, se habían acercado hasta Abadiño, término municipal al que pertenece el monte, para barrer hasta el último arbusto y canal en busca de José Manuel. Sumida en el dolor se encontraba la viuda, y Víctor, amigo íntimo de José Manuel, con el que pasó su infancia en Sestao y compartió caminatas montañeras.
Con esta última muerte, el Anboto amplía su leyenda negra como uno de los picos más peligrosos de la orografía vizcaína. El pasado 16 de marzo, dos excursionistas tuvieron que ser rescatados al quedar atrapados por la niebla.
El Anboto se cobró su última víctima en septiembre de 2007. Iñaki Trujillo, vitoriano de 21 años, murió despeñado en un día despejado. En compañía de otra persona, el joven tropezó junto al buzón de la cima y rodó ladera abajo. En marzo de 2007 perdió la vida otro montañero de 58 años, J.S.N., en el Paso del Diablo del monte Alluitz, dentro de la misma cadena montañosa que el Anboto. El hombre cayó por un precipicio de gran altura.