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Más fútbol

13.05.09 -

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La radio, los periódicos y las conversaciones con su aita y con sus tíos, grandes amantes del deporte y sobre todo del fútbol, eran tres de las fuentes de las que bebía José Ángel Iribar en su su adolescencia y como juvenil para imaginarse las estiradas imposibles de Carmelo y la colocación de lujo de Araquistáin, entre otros. Pero quiso la fortuna que 'El Chopo' tuviera habitualmente entradas para ir al cine los fines de semana. Fue en aquellas tardes cuando se hizo cinéfilo, pero también tuvo ocasiones inmejorables para ver en las imágenes del Nodo (Noticiero Documental vigente entre 1943 y 1976) a sus referencias bajo los tres palos.
«Aparte de la película, estaba muy atento a lo que pudieran dar en el Nodo. Los partidos importantes del Real Madrid, del Barcelona, del Athletic, del Atlético de Madrid, del Valencia... Aquellas imágenes, en esas pantallas grandes, tenían un atractivo enorme», evoca el 'angel volador'. Su mirada es tan clara y emocionada que es fácil imaginar al Iribar adolescente en el patio de butacas con los ojos muy abiertos para seguir de cerca las evoluciones de los grandes metas de la época. Él absorbió lo mejor de cada uno de ellos y se convirtió con los años en uno de los mejores porteros de todos los tiempos. «Te interesaba tanto o más que la propia película», apunta de repente después de unos cuantos segundos de viaje en el tiempo que le han hecho revivir aquellos instantes de ilusión y esperanza.
Él es ahora la referencia para las nuevas generaciones de jugadores y aficionados rojiblancos. Iribar considera fundamental que haya un futbolista en el vestuario que ejerza esa atracción sobre el resto sin ni siquiera proponérselo. Cuando él llegó al Athletic ese papel lo desempeñaba el internacional José Mari Orúe, «un santo barón y todo un ejemplo de lo que tiene que ser un auténtico deportista. La verdad es que inspiraba mucho respeto».
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