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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Cultura

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E n la primera de las tres novilladas de San Isidro, tres novilleros distintos. Por todo: trayectoria, proyección, destino, pasado, estilo, formas, fondo. Y hasta por la manera de respirar. Un José Manuel Mas, de Navalcarnero, en su tercera temporada con caballos, ya hecho, preparado, valeroso, puesto, fácil; un Miguel Tendero de Albacete, rodado y bien rodado en dos cursos, con alternativa de lujo anunciada para dentro de sólo tres semanas en Nimes, y por tanto novillero con más futuro que presente; y un Javier Cortés, de Getafe, salido de la Escuela de Madrid, de mucho corazón, todavía terminando de arrancar.
Y una novillada de Montealto, hierro joven y encaste relativamente viejo: sangre Juan Pedro de El Ventorrillo. Con la seriedad, el trapío y la potencia de la ganadería madre. Hizo una tarde muy ventosa. Tan ventosa que la dejó marcada, porque puso muy caro todo: manejar los avíos, elegir terrenos y torear. Además del viento, lo que fijó en el calendario la fecha fue un grave percance: la cogida en banderillas de un veterano tan seguro como el almeriense Gimeno Mora.
Con la excepción de un sexto venido abajo después de sólo una primera vara, y que no dio a Javier Cortés más opción que la de acabar ya, la novillada, muy ofensiva y astifina, salió peleona, mutante y diversa. El cuarto, el más mansito de todos, fue el que con más docilidad se dejó. Parecía el de la despedida de Mas como novillero de Madrid. Porque lo brindó. Lo descompuso todo el viento. No encontró terreno adecuado Mas. El de mejor fondo y más calidad, el más completo, fue el quinto, soberbiamente picado por Agustín Collado. Rompió el toro: fijeza, acometividad, nobleza. Muy poderoso Tendero, capaz de verdad, templado. Pero algo eléctrica y tensa la postura: las salidas exageradas, los desplantes desafiantes y provocadores, revolucionados, un teatral frenesí reñido con la pureza y el temple de embroques y pases, tránsitos y soluciones. Torero bueno, sí. No con la espada, porque ni pasa ni deja de pasar. Torero de ponerse muy encima, más al hilo que cruzado, firme pero algo encorvado, un punto violentos los toques. Pero seriedad para embraguetarse sin cansarse. Con las dos manos sabe y puede.
El novillo complicado fue el tercero. Y cuando más viento soplaba. Javier Cortés hizo faena de pelearse con el viento y las coladas o apretones del toro, que buscaba presa.
Al primero, lesionado tras un volatín de salida pero codicioso y pronto, Mas le pegó con la zurda una tanda extraordinaria. Pero sólo una. Y un raro novillo segundo, que se blandeó de manso en los caballos, pero metió la cara. Mucha decisión de Tendero, pero en faena irregular como si fuera por asaltos y no todos los ganara el torero.
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