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11.05.09 -

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T odas las administraciones intentan sostener los bancos, las empresas, la actividad económica, el empleo. Inyectan liquidez en el sistema financiero, compran activos tóxicos, conceden préstamos especiales. Incluso los Estados de mayor tradición liberal se han vuelto intervencionistas. En este contexto, es llamativo el pulso entre Jabyer Fernández y la Diputación de Bizkaia. A nadie sorprende que, en plena crisis, algunas empresas constructoras soliciten moratorias, y sería una mala noticia que existieran otras razones, relacionadas con el Derecho, para el desencuentro. Una mala noticia para el empresario, las obras sin terminar y los trabajadores de sus empresas.
Jabyer Fernández ha subido muy deprisa por la escalinata social, y eso no siempre resulta simpático. Decimos admirar a los «hombres hechos a sí mismos», pero en el fondo dudamos de ellos, porque dudamos de lo que haríamos en su lugar. Seguramente han sido duros, obcecados, perseverantes a tiempo completo. Transcurren generaciones antes de que olvidemos el origen, no siempre virtuoso, de las grandes fortunas. Suele observarse con ironía el ascenso de los nuevos ricos, y no siempre conmueve su derrota. En la novela 'El Gran Gatsby' no se dice cómo amasó su fortuna, pero sabemos de su determinación para hacerlo. Gatsby admira a los ricos, como su creador, Scott Fitzgerald, que encontró un filón en esa manera de mirarlos, como en un permanente deslumbramiento. No es una pasión de poder sino de estilo.
Jabyer Fernández fue aceptado por los ricos antiguos y los poderes públicos, se le abrieron las puertas de lugares simbólicos como la Diputación de Bizkaia y el Athletic de Bilbao. Ahora, da la impresión de que tiene un reto más difícil que la construcción de su imperio, y es su apuntalamiento. El desenlace no debería depender de los caracteres de los personajes, principales o secundarios, sino de la más aséptica racionalidad. Los detractores del empresario no soportan el cambio de su nombre. Seguramente es una casualidad, pero al final de 'El Gran Gatsby', el padre del protagonista dice que su apellido es Gats. Fue su hijo, el nuevo rico, quien añadió esas dos letras, 'b' e 'y', para sentirse distinto.
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