Los datos conocidos del comercio exterior español revelan que en los dos primeros meses de este año, los intercambios de mercancías retrocedieron hasta niveles de hace cinco años. El menor déficit comercial derivado de esta caída supone, en principio, un alivio para el menguante Producto Interior Bruto, pero la causa es inquietante. La crisis y la recesión económica son las culpables de que todas las operaciones se hayan reducido y, hasta las muy agresivas importaciones procedentes de China han sufrido en enero y febrero un drástico recorte, al pasar de 3.581 millones a 2.610 millones de euros.
En total, las exportaciones españolas sumaron en esos dos meses 23.492 millones de euros, mientras las importaciones ascendieron hasta los 33.858 millones, cifra similar a la de 2004. Todo ello en euros constantes, es decir, sin descontar el aumento que los precios han experimentado en los últimos cinco años.
El fenómeno es generalizado en todos los países industrializados. La caída interanual del 25,5% que registraron las ventas al exterior de España en los dos primeros meses del año no está muy lejana de los retrocesos de Francia (24,5%), Alemania (23,2%) o Estados Unidos (22,6%). Y el descenso de las importaciones en un 30,6% en enero y febrero es idéntico al registrado por la economía norteamericana (30,6%), aunque netamente inferior al de las importaciones germanas, que en ese plazo sólo se han reducido el 15,1%.
Contracción del consumo
Detrás de este desplome del comercio en áreas desarrolladas está la contracción de todo tipo de consumos. La demanda interna de los países se ha venido abajo, la producción se ha contraído, el grifo del crédito se ha cerrado y esta evolución negativa ha alcanzado a los intercambios internacionales.
En España, los sectores de la automoción y bienes de equipo ya han sacado a la luz sus dificultades exportadoras. El frenazo en las importaciones también es un inquietante signo de recesión, porque muchos productos adquiridos fuera son bienes intermedios que se incorporan a la producción nacional.
El fenómeno chino resulta especialmente significativo. Pese a la proliferación de establecimientos que venden artículos de bajo precio, las compras de mercancías al país asiático se han limitado en los dos primeros meses del año a 2.610 millones de euros, un 27% menos que en igual periodo de 2008. Y la tendencia parece mantenerse, porque una de las compañías internacionales de transporte más activas en los tráficos con China confirma que las operaciones con destino a España han caído en picado. Menos fletes representan menos abastecimiento.
Los informes de Aduanas ratifican que las partidas 'made in China' que más sufren este recorte son las del menaje y las industriales, al tiempo que el textil, la confección y sus complementos se mantienen o crecen.
Reconversión
Algunos detalles del comercio minorista apuntan a una reconversión. Mientras en las cada vez más frecuentadas tiendas de 'todo a un euro' se abre camino la producción nacional de artículos de bajo precio -plásticos, loza, droguería-, se extiende la oferta de ropa y calzado fabricados en China. Además, muchos ciudadanos originarios de aquel país regentan pequeños negocios de restauración, a la vez que compiten con otros extranjeros en la venta de alimentos en tiendas de horario prolongado.
El ajuste no ha equilibrado la balanza comercial hispano-china, ni mucho menos. Las exportaciones españolas al gigante asiático han sufrido en enero y febrero pasados un desplome interanual del 36% hasta los 226 millones de euros, frente a los 358 millones alcanzados en igual periodo del 2008. La crisis, por lo tanto, ha dado al traste con los empeños de las misiones comerciales españolas, que en los últimos años habían conseguido algún pequeño éxito. Las exportaciones a China pasaron de 1.527 millones de euros a 2005 a 2.168 millones en 2008. Nada comparable con la escalada de las ventas que China realizó a España, que en ese periodo casi se duplicaron, desde los 11.709 millones a 20.071 millones de euros.