La atención exacerbada, en un viaje tan delicado y complejo, por las posibles consecuencias de errores de comunicación o gestos equivocados del Papa quedó ayer patente con el primer momento simbólico importante, la visita a la fastuosa mezquita Al Hussein Bin Talal de Amán. Construida en 2006 en honor del difunto rey Hussein, se ha convertido en el segundo de este tipo de templos en el que entra Benedicto XVI, tras su paso por la mezquita azul de Estambul en 2006. Entonces, en plena polémica por el discurso de Ratisbona y en busca de una reconciliación, el Santo Padre se descalzó, meditó unos minutos junto al Gran Muftí y al final hasta acabó pidiendo el ingreso de Turquía en la Unión Europea. Ayer no se descalzó, y entre la prensa cundió el temor a una nueva metedura de pata.
Era la gran incógnita cuando el portavoz vaticano, el jesuita Federico Lombardi, compareció ante los periodistas. Lombardi explicó que llegaban con la idea de descalzarse, y él mismo lo hizo, pero quienes les recibieron en la puerta del templo apenas les dejaron detenerse y les invitaron a pasar sin problemas, puesto que se había instalado una estera en un recorrido de protocolo para poder entrar calzado.
El propio príncipe Ghazi Bin Muhammad Bin Talal, anfitrión, primo del rey y su consejero en asuntos religiosos, iba calzado. «Hemos aceptado esta solución, no hay que hacer un problema en absoluto», quiso desdramatizar Lombardi. El imán y profesor Hamdi Murad, uno de las más prestigiosas autoridades del país jordano, también restó hierro al asunto: «Para nosotros no es extraño, sólo te quitas los zapatos si están sucios, y no si hay una superficie separadora en el templo, pero se puede entrar con calzado, yo mismo puedo hacerlo y rezar con él puesto», explicó, aunque admitió que quizá en la calle puede considerarse más respetuoso descalzarse.
Prodigio de ambigüedad
No terminó aquí el debate escrupuloso, porque preguntaron a Lombardi qué hizo exactamente el Papa en la mezquita. La cuestión surgió de forma cómica en Estambul, porque en un prodigio de ambigüedad, el Vaticano explicó que el Pontífice no había rezado, sino que había tenido un momento de recogimiento, una fórmula para evitar el terreno resbaladizo del eclecticismo y la idea de un Dios común a todas las religiones, pues Ratzinger opina que sólo en el catolicismo está la salvación.
Lombardi recurrió otra vez ayer a esta expresión: fue un «recogimiento respetuoso». Sin embargo, un fotógrafo le precisó que él había estado presente y el Papa en ningún momento se había 'recogido'. Entonces el portavoz matizó que se refería a la «actitud» del Santo Padre, no a su actividad. En estos quebraderos de cabeza se tiene que desenvolver el viaje.
Equilibró las disquisiciones metafísicas de la rueda de prensa con su pragmatismo la ministra jordana de Turismo, Maha Al Kateib, que se lanzó alegremente a celebrar lo buena que será la visita del Papa para potenciar la economía de su país. El turismo supone el 14,7% del PIB de Jordania, que el año pasado recibió 3,7 millones de visitantes, casi un 9% más que en 2007, buena parte de ellos vinculados al llamado 'turismo bíblico'.
Tolerancia religiosa y relaciones diplomáticas aparte, el filón de los lugares de interés religioso es una buena razón que tiene Jordania para cuidar las relaciones con el mundo católico. El proyecto más ambicioso es la zona donde se ha ubicado el bautismo de Jesús en el Jordán, potenciado desde 2000 y donde el billete cuesta casi 7 euros, y también el turismo desde Rusia y Ucrania a los templos ortodoxos.