Habrá nueva entrega del Bilbao Basket europeo. Vuelve el equipo de La Casilla a incluir su nombre entre los candidatos al título. Cerró ayer en el Palau una campaña con un desenlace en el que casi nadie confiaba. Otra vez inmerso en los 'play off', en los que se verá las caras con el TAU, dos meses después de proclamarse semifinalista europeo, rango idéntico al del Barcelona, aunque los quilates de Euroliga y Eurocup no sean equiparables. Ayer, en el Palau, se vieron las caras los equipos de la ACB que más lejos han llegado este curso en el continente. La feliz noticia es que habrá una segunda oportunidad para que el iurbentia mejore en el concierto internacional.
Hacía falta un carambola y se produjo a tres bandas. Ganar en Barcelona era una quimera tras la inoportunísima baja por lesión de Markota. Pese a ello, el iurbentia fue un exquisito rival, un ejemplar competidor que, lejos de perderle la cara al choque, convirtió su inferioridad en un motivo de relajación. Sin presión, mostrando signos palpables de divertirse sobre el parqué, de hacer lo que sabe sin salirse del guión, el equipo bilbaíno se alzó como dominador.
No se ruborizó con sus constantes ventajas. Asió con fuerza y garbo las cinchas con las que sometía a un Barcelona que sólo recurría al juego interior como recurso válido. 13 de los primeros 16 puntos de los azulgrana sellados por Andersen, Fran Vázquez y una penetración explosiva de Barton. Elocuencia en la cancha. Altísima nota para el planteamiento de Txus Vidorreta y la ejecución de sus pupilos.
Pero las diferencias tenían, necesariamente, que dejarse notar. Fue tras el descanso. Un parcial de 8-0 en el tercer cuarto y otro de 9-0 en el decálogo de la conclusión. De repente, el iurbentia se vio sumido en la inferioridad. Adiós al partido. Le pasó por encima un rodillo que planchó no su ambición, pero sí su convicción. En adelante, casi importaba más lo que sucediera en las otras dos canchas donde se jugaba el futuro europeo del iurbentia.
Tarde de nervios
Porque la de ayer fue una tarde de uñas volatizadas a dentelladas. Hasta el descanso, igualdad. El paso cada cinco minutos por los tres encuentros vitales no permitía a nadie descargar tensión. Al contrario. En el Palau, 9-12, 16-19, 25-28 y 39-35. En el Nou Congost, Manresa y Real Madrid jugaban al gato y el ratón: 14-10, 18-25, 25-35 y 39-44. Y en el Fernando Martín, el Fuenlabrada quería y no podía ante el DKV: 13-8, 20-18, 22-26 y 39-42. Para aumentar la angustia, el Pamesa perdía en Canarias al descanso (40-34). Pero el cúmulo de derrotas entre los implicados en la subasta por el acto puesto sonreía al Bilbao Basket.
El resto, imaginable. Miradas, gestos inquisitivos contestados con mímicas. Pulgares abajo en adelante para cifrar los resultados que campaban en Manresa y Fuenlabrada. Sobre la madera del Palau todo resuelto. Apuntes al margen sobre la mejoría de Banic y Seibutis, con mención especial para un intento poco fructífero de dejarle al lituano el volante durante un manojo de ataques. No es que no importara lo que eran capaces de hacer los de Vidorreta. Sólo que ya no iban a poder acercarse a su primorosa primera mitad y había que imaginarse un mundo de cambio, tan a la orden del día, en el que la Penya y el Madrid estaban llamados a ser los máximos aliados. Lo fueron. Con solvencia los badaloneses y con más espasmos los blancos, que permitieron al Manresa colocarse a dos puntos cuando se enfilaban los dos minutos finales.
Quiso el destino que el Barcelona despechara con celeridad a los vizcaínos. Éstos, cuando sonó el bocinazo final, eran un mar de dudas. Otra vez las miradas, ya con rango de súplica, camino del vestuario. «El Joventut lo tiene hecho, pero el Madrid...», fue el mensaje unánime. Los aficionados estaban conectados telefónicamente a sus casas para que les narraran el final del carrusel televisivo de La 2. La web de la ACB había 'petado', dejando el choque en el limbo del minuto 34. Javi Salgado, junto a los asistentes de Vidorreta, Pueyo y Bayo, fueron el trío más valiente. Encontraron un televisor en las entrañas del Palau y sufrieron y gozaron juntos. El resto optó por la intimidad del vestuario a la espera de ver con qué rostro retornaba el capitán. Lo hizo brincando y la plantilla estalló. Júbilo, abrazos, en algunos casos casi incredulidad. Y Markota, contento y nostálgico por lo que se va a perder. Habrá más Liga, ahora en el 'play off'. Y habrá Europa, bendito premio para otro año que, ojo, aún no ha terminado.