Isabel Celaá se subió a la tribuna cargada con dos bolsas llenas de libros y carpetas y las colocó sobre el atril. La torre de documentos le tapaba la cara. Era su primera intervención en la Cámara vasca -finales de 1998- y captó la atención. El departamento estaba en manos de Inaxio Oliveri en aquella época y la parlamentaria del PSE, que había sido ya viceconsejera de Educación con Fernando Buesa, tomaba la palabra para censurar la falta de actividad del Consejo Escolar Vasco. Mostró la avalancha de textos y le espetó al dirigente de EA que era el trabajo que había realizado ese mismo consejo durante la etapa de Buesa. Aquella escena anticipaba ya el 'estilo Celaá'.
La comunidad escolar coincide en que la consejera de Educación pisa fuerte en el terreno de la enseñanza gracias a sus años al frente del área, a su formación -licenciada en Filología Inglesa, Filosofía y Derecho- y su experiencia laboral como catedrática de instituto. Fue viceconsejera con Buesa entre 1991 y 1995 y antes había dirigido el gabinete de José Ramón Recalde en el Departamento de Educación. Se ha curtido en el Parlamento tras bregar con tres equipos de EA (Oliveri, Iztueta y Campos). Es dura en el debate, no pasa una al contrario, ni regala méritos. En muchas intervenciones a lo largo de la pasada legislatura ha defendido que los pilares del sistema educativo vasco, puntero en España, los puso su partido después de alcanzar un amplio consenso que culminó con el Acuerdo Político para el Pacto Escolar firmado por PNV, PSE y EE.
Durante el último mandato de Tontxu Campos, desde su puesto de portavoz de Educación del Grupo Socialista Vasco, ha reclamado la necesidad de un nuevo pacto escolar como el que ató su formación y permitió aprobar la Ley de la Escuela Pública Vasca en 1993. Llega con el compromiso de buscar ese consenso político que le ayude a llevar a buen puerto la anunciada reforma de la enseñanza vasca, después del fracaso del equipo de EA en ese mismo empeño.
Entre las filas de la oposición -«lleva años esperando este momento», dicen de ella- le vaticinan que lo va a tener difícil para acercar las posiciones del PP y las de los nacionalistas. Sus compañeros de partido confían en su «fuerte talante negociador» y su «seriedad en el trabajo». «Tiene claro hacia dónde quiere ir», destacan.
¿Dónde quiere ir? Lo dejó claro la pasada legislatura: hacia un sistema escolar trilingüe, en el que se prime a la escuela pública, pero que financie a colegios privados comprometidos con las necesidades educativas. Celaá, que tiene el título de EGA, ha marcado también su postura respecto a la lengua vasca. Coincide con las líneas fijadas por el Consejo Asesor del Euskera, que impulsó la viconsejería de Política Lingüística del PNV, un área en la que se ganó muchas simpatías.
La consejera que dirigirá el departamento con mayor presupuesto después del de Sanidad es uno de los miembros del Gabinete de López con más peso político. Lleva más de veinte años en el PSE, a pesar de que su vocación desde muy pequeña, cuando estudiaba en el colegio del Sagrado Corazón de Bilbao, era ser profesora de inglés. Hace gala de su especial vinculación con la cultura irlandesa, que iniciaron sus padres al enviarle los veranos a Belfast y Dublín -elegían esos destinos por ser 'zona católica'- para perfeccionar su inglés. Ella encaja sin problemas su militancia con su condición de católica practicante.
Nacida en Bilbao, casada y con dos hijas -le gusta reunir a la familia, leer y pasear-, cuenta que entró en política de la mano de Recalde. Está convencida de que para cambiar la sociedad hay que empezar por la Educación.